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N° 7, 8 y 9 - 15/9-10-11/99
TODA LA HISTORIA
El
nacimiento de Santa isabel, su evolución, los trabajos en el campo y
mucho más, contado por un testigo directo de los acontecimientos de
nuestro pueblo: Don Alejandro Paulina.
Con 95 años de edad y una lucidez excepcional que muchos jóvenes deberían
envidiar, Don Alejandro José Paulina nos revela nada más ni nada menos
que la historia misma de nuestro pueblo, de la que fue testigo y
protagonista desde el preciso día de su creación.
El diálogo, del que participó también su esposa Fermina, duró más
de una hora y media. No tiene desperdicios y podría haber continuado
mucho más ya que constantemente nos aportaron datos importantes de
todos los aspectos de la vida de la localidad, muchos de ellos
desconocidos por casi todos.
¿Adonde nació Usted?
Alejandro: Nací en General Arenales, provincia de Buenos Aires, y
vine acá de 4 años, cuando se fundó el pueblo en 1908. Vine con mi
padre y otra gente que venían a comprar el campo. Este campo era de
“Devoto y Cía.”
¿Sus padres de que origen eran?
Alejandro: Mi padre era austriaco y mi madre suiza. Vinieron todos
cuando se formó la famosa colonia Baradero, una colonia suiza. Hermanos
de ellos nacieron en este país.
Sabemos que el pueblo se originó con un remate de tierras, ¿como
se enteraron?
Alejandro: Y, porque hicieron afiches y los desparramaron por allá
hasta Junín. Y entonces la gente se anotició de que iba a haber un
remate grande. Y se vinieron el día del remate (8 de febrero),
muchos compraron y otros no.
Yo me acuerdo del día en que vinimos en tren. Era un tren especial que
venía de Junín a Santa Isabel. La primera vez que subía a un tren era
ese día del remate. Mirá vos!. La vía terminaba en la estación vieja (frente
a “Barrio Fo.Na.Vi Grande” sobre calle Santa Fe). Que todavía el
Jefe les dijo a los que remataban: “Bueno, al mediodía les dejo el
coche dormitorio abierto por si los chicos quieren dormir.”
Entoces ¿Ud. durmió una siesta ahí?
Alejandro: Si, después del asado, porque la noche anterior no había
dormido nada pensando en el viaje.
¿En Arenales vivían en el campo?
Alejandro: Si, cerca de la estación. Alquilábamos a Alvear. Eran
campos de Alvear. Y de allá, de Arenales, vinimos nosotros, los Paulina y
Juan Di Batista y su hijo mayor. Allá éramos vecinos y después, cuando
se vendió acá, también compraron vecinos los viejos.
¿Se acuerda algo sobre el remate?
Alejandro: Fue frente a la estación vieja. En un almacén que era
de Goria y Marín, del lado en que está el barrio ahora, en un terreno
que es del frigorífico. Tenían preparada una carpa grande con mesas
donde estaban los planos del pueblo, y ahí hicieron el remate. El remate
se hizo en el día, los lotes del pueblo primero y después compró la
gente que quería campo.
A la quinta de 18 hectáreas mi viejo me parece que la pagó 350 pesos y
había comprado dos terrenitos en el pueblo que los pagó 20 o 30 pesos.
Estos campos se llamaban “La Colina” y la estación ya se llamaba
Santa Isabel.
¿Ya ese día se quedaron a vivir acá?
Alejandro: No, volvimos otra vez a la noche en el tren. Si acá no
había nada, campo virgen era esto. Pajonales y bichos dañinos había por
todos lados, eso si. Gatos monteses, víboras, comadrejas...
¿Más tarde se asentaron aquí definitivamente?
Alejandro: Después del remate la gente se vino a vivir acá. Mi
papá y un tío empezaron a desarmar todo en Arenales, casa y galpones, y
vinieron con algunas cosas en chata para empezar a armar acá. Cuando se
desarmó todo nos fuimos a vivir en Arenales de una comadre de mamá por
un tiempo. Hubo que venir, levantar alambrados, levantar ranchada. Porque
en ese tiempo se hacían ranchos, no había con que hacer las casas. Se
traían ladrillos de Cañás y Carmen, mirá vos... Porque acá no había
nada, solo ese almacencito.
Así que lo primero que hizo mi viejo era una ranchada, puso un boliche y
una herrería. Eso quedaba en el campo, sobre el camino a María Teresa, a
tres o cuatro cuadras del cementerio.
Mi viejo trabajaba en el boliche y mi tío Ernesto en la herrería. Puso
herrería porque no había por ningún lado. Había que ir a Cañás,
Teodelina o Carmen. Otro pueblito no había, Chapuy no estaba, María
Teresa estaba naciendo también en ese tiempo. El boliche se llamaba “El
Tropezón”, se lo habían puesto los colonos que venían de El Aljibe.
Así que a toda la gente de las chacras que venían al pueblo les tocaba
pasar delante del boliche y siempre se paraban, a tomar una copita y
arreglar el mundo.
Después, cuando ya se alambró algo se trajeron vacas y se empezó a
sembrar.
¿Cómo pagaron los campos y terrenos?
Alejandro: Después del remate, Raimundi quedó de encargado de
seguir vendiendo los campos, porque todos no se habían vendidos en ese
momento y muchos se vendieron en cuotas. Así que Raimundi fue el
administrador por muchos años. Tuvo una casillita, era lo único que había
en el pueblo al principio (Sobre calle Irigoyen al 1200 del lado impar).
Ellos vivían en esa casillita, porque le hicieron algunas piecitas, hasta
que vendieron todo el campo y cobraron las cuotas.
¿Y las demás cosas para instalar las chacras?
Alejandro: Muchos compraban al fiado también. Compraban en algunos
comercios de Villa Cañás o Carmen porque acá, hasta dos o tres años
después no hubo comercios grandes. Sí había algunos boliches, carnicería,
panadería o cosas así.
¿Como era el campo en los primeros años?
Alejandro: En el campo había gente viviendo. Los que vinieron
junto con nosotros se instalaron hasta la laguna (El Aljibe) y
hasta lo que hoy es Runciman. O sea, en lo que era campo de Devoto se
instalaron los colonos. En las calles del campo había más movimiento que
ahora porque en las chacras siempre había un montón de gente.
¿Cuanto tiempo llevó alambrar y hacer las casas y galpones?
Alejandro: Y... dos o tres años llevó esto. En la quinta nuestra
la casa de ladrillos se hizo en 1912.
¿En los primeros años que máquinas había?¿Cuando
aparecieron los autos?
Alejandro: Al principio todo era a caballo, no más. Recién en
1912 un almacenero trajo un auto, un Peugeot francés. Otro negociante, Vázquez,
trajo otro y ya empezaron a aparecer algunos que otros autos.
En el campo había arados Mansera, algunos tenían arados de una reja,
cachivaches. Casi todo se hacía a mano. Por ejemplo, se cortaba el trigo
con una máquina “espigadora-atadora”, como le decían, y que largaba
unos farditos de trigo. Entonces venía la gente y los paraba y apilaba
para que se sequen. Después los llevaban a las parvas y, para sacar el
grano aparecían las trilladoras.
Al principio las trilladoras eran arrastradas de chacra en chacra por
bueyes, tanto el motor a vapor como la máquina y demás cosas. Yo alcancé
a manejar esos aparatos. Tenían una correa larga para que le de vuelo a
la trilladora que se ponía como a treinta metros del motor. Entonces se
ponían unos cuantos obreros parados levantando la correa que era ancha y
pesada, la sostenían hasta que la ponían en línea, la largaban y
empezaba la trilla. En las trilladoras andaban como treinta personas,
porque además se llevaba casilla, chata acarreadora para llevar el trigo
a la máquina, aguatero...el aguatero iba y venía llevando agua al motor,
a caballo todo. Y el cereal se acarreaba en bolsas, en carros y chatas. El
motor se calentaba en verano con paja de trigo y en invierno con marlos
que se cargaban en un carrito, el marlero. Con eso hacían el fuego para
calentar el agua del motor a vapor.
¿Y con el maíz como se trabajaba?
Fermina: Se juntaba a mano, en las maletas. Las chatas con caballos
llevaban hasta la chacra las bolsas de maíz y hacían las trojas (trojes).
Después atracaba la máquina ahí y trillaban.
¿Cómo eran las trojas?
Alejandro: Eran una especie de silos de unos 7 u 8 metros de diámetro.
Al lado se ponía un palo alto y como a los 50 metros dos o tres postes
con un cable hasta arriba.
Fermina: Había una soga para tirar del carrito cargado de espigas
de maíz, cuando llegaba arriba se abría una puerta con una piola y caía
la carga. Un hombre iba y venía al galope con el caballo tirando del
carrito que cargaban en la punta de abajo, todo bien ideado. Había mucho
trabajo...
Alejandro: En las máquinas, siempre éramos más de 30 los que
trabajábamos en la trilladora y desgranadora. Duraban me-ses esas
cosechas... La de maíz cuatro o cinco meses y la de trigo como tres.
Fermina: Los Salemme, que eran cerealistas, tenían una tropa de
carros, grandotes, cuatro ruedas, todos tirados por caballos. Y mi papá,
Diego Mena, era el capataz. Él iba adelante y se veía la hilera de
carros por todos los campos. Salían a la madrugada y volvían cargados
casi de noche o al otro día porque iban hasta 2 o 3 leguas, por todas las
estancias,. Parecían hormigas los carros: unos tras otros...
Alejandro:Los cerealistas tenían galpones. Había como cuatro
galpones grandes en la estación, después algunos fueron desarmados. En
el ‘24 creo, hicieron el elevador. La gente iba a Otto Bemberg a ver
como lo hacían y cuando estuvo terminado miraban desde arriba.
¿Cuales fueron sus trabajos?
Alejandro: Yo trabajaba al principio en el campo con toda mi
familia. Teníamos quinta, montes frutales: vendíamos frutas en el
pueblo. Tambo también, hacíamos quesos. Criábamos algunos cerdos para
carnear. Toda la familia trabajaba, del más grande al más chico hacíamos
algo.
Después, cuando fuí mayor, 16 o 18 años, ya empecé a trabajar afuera
juntando maíz y de boyero por ahí, hasta que fuí dejando esos trabajos
brutos. Trabajaba en las máquinas trilladoras-desgranadoras. Con los
Pellegrini yo trabajé mucho, porque antes de ser cerealistas tenían de
estas máquinas. A ellos los conozco, conocí a los viejos que eran
constructores de casi de medio pueblo, eran albañiles todos y después se
dedicaron a las máquinas y al cereal.
Después de los 20 años empecé a trabajar con los cerealistas: atender
el galpón, atender el campo, las compras y todo eso. Aprendí con un
amigo que me enseñó a conocer el cereal: el seco, el húmedo... Siempre
estuve ligado a esto, trabajé para los cerealistas de acá: Salemme,
Pellegrini (que empezaron mucho después) y también para otros que
vinieron de afuera.
En el ‘43 trabajé para Bemberg (acaudalado empresario) que como
se casó con una Elortondo le tocó un pedazo de campo que era la colonia
“Las Rosas”. Primero lo hacían trabajar ellos y después le
alquilaron a los colonos. El colono trabajaba como un bruto y entregaba un
18 o 20 % de lo que producía. Yo tenía que controlar eso. Bemberg era más
conciente con los colonos de ellos: les pagaba a cuenta la carnicería o
el almacén para devolver más adelante. Los colonos muchas veces estaban
“ahorcados” porque les vendían la semilla, herramientas y cuando la
producción era escasa no podían pagar y algunos se fundían, le quitaban
todo o quedaban debiendo para el otro año.
¿En que época hubo mayor prosperidad?
Alejandro: Entre el ‘30 y el ‘40 fue cuando hubo más progreso porque
había muchas chacras. En Santa Isabel eran como trescientas chacras de
colonos y ahora no hay ninguna. En cada chacra había como 10,12 personas
entre familiares y peones.
En el campo “Las Rosas”, que atendía yo, había 36 colonos, “Las
Dos Hermanas” tenía como 30, Rueda 40 y tanto, “La Lyda” 36, “La
76” tenía como 80 colonos. Estaba lleno de gente el campo.
¿También había gente del pueblo que trabajaba en el campo?
Alejandro: Había operarios que trabajaban en las máquinas, hacían
los tres meses de campaña y después vivían acá en las fondas muy
piolas. Porque tanto las trilladoras como las desgranadoras, cuando salían
era a terminar: no había feriados, ninguna fiesta, ni navidad, ni año
nuevo, era siempre seguido el trabajo.
La juntada de maíz era cuatro o cinco meses. Familias enteras iban al
campo a juntar maíz. Había mucho trabajo y mucho comercio.
¿Venía gente de otros lugares?
Alejandro: Había mucha gente que venía a hacer la cosecha y después
se iban a su pueblo, hasta de Rosario sabían venir. Una vuelta con mi cuñado
llevamos a La Pampa 35 obreros que habían venido a juntar maíz: un día
entero caminando con el camión por los médanos, todo camino de tierra.
Había muchos médanos antes, cuando te descuidabas te tapaban un
alambrado, una tranquera. Ya por la zona de Rufino empezaban, acá la
tierra era más estable.
Cuentan que las langostas eran una plaga tremenda para el campo.
¿Es cierto?
Alejandro: Había mucha langosta, pero no todos los años. Se
producían en el Chaco, por ahí, en el norte y venían bandadas
arrasando. Comían y hacían las crías, se reproducían a medida que
avanzaban.
Durante el gobierno de Perón se mandó gente a Chaco y Formosa y se alivió
la situación. Cada pueblo tenía su “langostero”, y “Defensa Agrícola”
mandaba chapas barrera y herramientas. El lanzallamas tenías que
comprarlo.
Se comían todo, mirá. Todo lo que podían te lo comían, hasta la ropa.
Todo lo que era verde comían: los árboles hasta la corteza, las frutas,
los maizales, todo lo que había sembrado, todo. Y donde pasaban las crías
hacé de cuenta que pasaba tormenta. Algunos quedaban en la vía.
¿No había manera de pararlas?
Alejandro: Las paraban con fuego, con lanzallamas. Estaba, por
ejemplo, “la saltona” que se eliminaba antes de que le crecieran las
alas con el lanzallamas; no se si quedará en Santa Isabel alguno de esos.
Las langostas iban en bandadas y desovaban en la tierra y ahí se
aprovechaba para quemarlas. Después, cuando nacían, también se quemaban
y además se ponían las chapas barrera para que no avancen las crías,
las langostas chicas. También se las espantaba con ruidos, golpeando
tachos y cacerolas. Pero las espantabas de una chacra y les iban al
vecino; se peleaban a veces por eso.
¡Era una peste esa langosta! hasta que fumigaron con aviones en los
lugares donde se reproducían y no hubo más.
¿Aparecía todos los años?
Alejandro: No venían todos los años. Tenían su época. Cada tres
o cinco años. La langosta no existía al principio. Cuando empezó la
agricultura empezó la peste. Se ve que se reproducían con el verde
fresco. Venían en el verano y dejaban al maíz con los palitos nada más
y en los montes no quedaba nada de frutas.
Pasemos
al pueblo. ¿Cómo era en un principio y como fue creciendo?
Alejandro: Y... eran unas casitas por acá, otras por allá...
desparramadas. Se empezó a poblar sobre la avenida Santa Fe.
Ahí se instaló Salemme. Tenía un boliche frente a la estancia de Rueda,
entonces cuando se fundó el pueblo se afincó acá y puso un almacén que
también era tienda y corralón, le fue agregando cosas. La esquina de
Santa Fe y Sarmiento, que es donde está la Cooperativa (Unión y Fuerza)
fue construida por ellos allá por el ‘10 o el ‘12.
Así se fue agrandando el pueblo...
Calles no había, vos cruzabas con sulky o a caballo por cualquier parte
porque no había nada marcado. Se cruzaba por cualquier lado hasta que
mucho después, después de 1920 se empezaron a hacer las cunetas y
calles.
Al principio era eso: un rancho por acá... otro por allá. Yo me acuerdo
porque cuando tenía 6 o 7 años venía del campo con mi viejo a repartir
leche. Así conocí el pueblo desde que comenzó..
Cuando llegaba la noche ¿que aspecto tenía?
Alejandro: Era una boca de lobo. No había nada. Se veían los
farolitos de las casas, todas desparramadas.
Un tiempo después se pusieron faroles a kerosén. Cuando se organizó la
comuna (25-4-11)se pusieron unos diez o doce faroles en los lugares más
estratégicos del pueblo. En las tardecitas un tipo que andaba a caballo
los encendía y a la mañana los apagaba.
Después vinieron “Petrone y Arbuco” de Teodelina y pusieron las líneas
eléctricas. Pero esto sería para no más de veinte casas, era cara y
además no tenían para instalarla.
¿Como eran las fiestas en Santa Isabel en sus comienzos?
Alejandro: Creo que al principio no había nada. El descanso que
tenían los chicos y chicas era ir a la tarde a la estación a ver llegar
el tren. Todos los días llegaba a las cinco de la tarde, más o menos, y
partía al día siguiente a las siete de la mañana. Ya Villa Cañás y
Teodelina eran grandes y entonces trabajaban mucho los trenes, todos los días
venían, hasta los hubo nocturnos en los primeros años. Además de
esperar la llegada del tren, de vez en cuando venía alguna calesita y ahí
se reunían.
Hasta que después se hicieron salones y ya empezaron a hacer fiestas. Las
hacían los españoles o los italianos y duraban dos o tres días. Los
españoles, llegando el verano, hacían carpas grandes para las romerías
en las que había toda clases de juegos, bailes, fuegos artificiales...Los
italianos las hacían el 20 de septiembre en el salón que se empezó a
construir en 1910, que era un galpón, no más, con ventanas y puertas y,
en un rincón, había una bomba y arriba un tanque.
A los dos años que se hizo ese salón, el de la Sociedad Italiana actual,
se pelearon entre ellos y una parte hizo otra que se llamaba
"Sociedad Italiana Príncipe Humberto" y funcionó en un salón
que ya estaba de antes (General López al 1160 aproximadamente- Alguna
vez fue el "Cine Gardel" y también usina eléctrica - hoy hay
un tapial con tejas). Era un saloncito más o menos presentable, se
daba cine, tenía un escenario y un patiecito al frente. Me acuerdo que ahí
adelante, el día de la inauguración, enterraron un tubo de chapa con
documentos de como se había hecho la Sociedad, algunos ponían hasta
monedas. Todavía tiene que estar.
Después de mucho tiempo se unieron.
Hablando de divisiones,¿como era la relación entre los
primeros pobladores?
Alejandro: La mayoría eran italianos o españoles, de otra nación
muy pocos. De entrada no más había peleas. Por el asunto de la guerra
del '14, los que no se peleaban a las trompadas se peleaban a los tiros.
Había bandas que no se querían. Principalmente algunos italianos, que
tenían un mapa en la pared y le iban clavando banderitas. Decían:
"Hoy nos quedamos con esto" y venía un contrario y se las
arrancaba. Después ya no, después del '18 se apaciguaron.
¿Ycon respecto a la política?
Alejandro: La comuna empezó a funcionar en 1911. Había dos
partidos: Radicales y la Liga del Sur, que era un partido provincial y
después pasó a ser el Partido Demócrata Progresista. Eran los dos únicos
partidos que se llevaban de pica.
Después los radicales fueron dividiéndose, pero cuando llegó Perón
cambió del día a la noche. Le fue dando libertad especialmente a los
peones. Cuando empecé a trabajar con "Bemberg" yo era un vulgar
peón, pero fuí asalariado y tenía más derechos. Desde ahí me
empezaron a descontar para la jubilación. Cambió mucho para la gente,
aunque a los colonos después pasaron a explotarlos los obreros...
Los obreros se pasaron. Se iban a las chacras y le decían al colono:
"Usted tiene que sacar gente del "Centro", no puede
levantar las bolsas del campo". Se abusaban, el Centro Obrero se abusó
mucho de la gente. Mirá que a mi, estando en el galpón no me dejaban
tocar una bolsa de cereal. Podía mandar una cuadrilla, si eran pocos
traer más hombres, pero no podía tocar una bolsa. Los colonos tampoco,
venían con sus chatitas y no podían hacer nada. Y ellos mismos se
arruinaron, todo lo que les dio Perón lo arruinaron, porque se pasaban.
¿Qué nos puede contar sobre las escuelas?
Alejandro: Unos años después de fundado el pueblo abrió la
escuela (Nº 179 - 1/3/1911), pero además había maestros que desde el
principio andaban por las chacras. Se instalaban en alguna y recibían a
varios chicos. Cuando mi viejo dejó el boliche de la chacra el salón
quedó vacío, entonces vino un maestro y se instaló ahí. Les daba
clases como a 15 chicos, vecinos de ahí.
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Don Alejandro
Paulina, a la edad de 4 años, llegó junto a su padre en el momento de la
fundación de Santa Isabel. Desde aquella vez su vida transcurrió en este
lugar y, como es un gran memorioso y observador, nos regala sus recuerdos
que relatan hechos y costumbres de todas las épocas, como el de la caída
de un aerolito muy cerca de su casa, aquella que su padre había
construido en la parcela de campo que adquirió en 1908. Este lugar hoy
exhibe apenas algunos árboles añejos, entre ellos dos palmeras, que
fueron plantados alrededor de 1912 y se encuentra ubicado a la derecha de
la extensión de calle Francia, hacia María Teresa, luego de pasar Ruta
94 y antes de llegar a una moderna planta de silos.
Alejandro: En el momento que cayó no se le dio mucha importancia
pero después salió en un diario. Cayó entre la quinta nuestra y
Angelino, a unos 200 metros de mi casa. Angelino era colono de Coverton y
tenía la chacra frente a la nuestra.
Esto fue en el año ‘23 , yo tenía unos 18 años. Pasó una mañana
entre las 10 y las 11. En casa tomábamos mate con mamá y otros más
debajo de la galería cuando empezamos a sentir como un trueno, un ruido
que venía de arriba. Decíamos: "Será un avión... Tormenta no,
porque no hay nubes..." Y sentíamos ese ruido cada vez más fuerte
y... de repente, a unas dos cuadras vimos un fogonazo. La piedra cayó y
se enterró como un metro en la tierra. Con los vecinos corrimos para ver
lo que era, pero no se podía tocar porque estaba caliente. Angelino mandó
al boyero a buscar al dueño del campo donde cayó, Don Federico Coverton,
que en ese momento estaba en la estancia. Este hombre que era “Ingeniero
de Minas” y conocía de estas cosas nos explicó de que se trataba, que
era un aerolito.
La piedra fue a parar al Museo Nacional de Historia Natural Bernardino
Rivadavia, en Buenos Aires, menos los pedazos que se llevaron algunos para
tener de recuerdo. Vino un empleado del museo y se llevó la piedra de más
de 5 Kg. Antes le sacaron una foto, yo la tenía en la mano y después esa
foto salió en un diario. Pero la gente ni “fu ni fa”, no le dio mucha
importancia.
¿Qué otro recuerdo tiene sobre fenómenos de este tipo?
Alejandro: Me acuerdo cuando apareció el cometa Haley. La primera
vez fue en 1909. Ya se decía que después de más de 70 años iba a pasar
de vuelta. Esta última vez no lo vimos porque estaba muy lejos. Pero en
aquellos años nosotros nos levantábamos a hacer el tambo y aparecía en
el naciente, antes de que salga el sol. Era una estrella grandota con una
cola que, decían, tenía 50.000 Km. Alumbraba toda la madrugada y después,
cuando salía el sol, desaparecía. Se dice que en un tiempo había
más población y varios hoteles. ¿Es cierto eso?
Alejandro: Había mucha colonia... mucha colonia, entonces había
mucha gente. Había 5 o 6 cerealistas, fondas, boliches, almacenes,
panaderías, carnicerías: 10 o 12. Ha habido mucha más gente en Santa
Isabel que ahora. En el tiempo del '20 al '30 debe haber habido 7000
habitantes.
Y, hoteles había 2 o 3. Uno era el hotel Mayo... fue cine, fue hotel...
cualquier cosa que ocurría iban al hotel Mayo. Ahí se colocó el primer
aparato de radio, vinieron unos señores con una antena alta... instalaron
todo. La gente pagaba entrada para ir a escuchar y muchos decían:
"No puede ser esto, es alguno que tiene un fonógrafo tapado por ahí
atrás". No podían creer. Había al principio 2 o 3 radios hasta que
después se fue llenando. Cuando vino esa gente no había ni luz eléctrica,
tuvieron que poner un motorcito para hacer andar la radio, una radio
grandota como un fonógrafo.
Ese hotel era de Carbonell, que le después le hicieron más habitaciones
para arriba y para atrás.Ese fue el primero, después estaba Lorenzatti,
frente a lo que es el Banco Provincia (San Martín y General López).
También la fonda de "La Petiza" ahí donde era de Vanni (Santa
Fe e Irigoyen). Donde está Burzacca (Santa Fe al 900) había
otra fonda de un italiano, Daniel Tecchio, que en Italia había sido
militar. Los Basignani después le compraron a Tecchio y cuando el pueblo
progresó ellos se cambiaron frente a la estación (Santa Fe y San Martín)
¿Cuando fueron apareciendo las rutas?
Alejandro: En el '36. La primera fue la 94, de una sola mano
pavimentada, que la hicieron desde Chapuy hasta Teodelina. Para hacerla
habían armado una vía angosta en la que andaba una locomotora chica con
los carritos que llevaban el material ya preparado para pavimentar. La
planta en la que preparaban el material estaba en Chapuy. Varios muchachos
del tiempo aquel manejaron esos trenes y trabajaban ahí. Se dijo después
que en Santa Fe, ese camino angosto figuraba de 6 metros de ancho y que
alguien se quedó con la plata para la otra mitad.
En esta charla
que tuvimos con Alejandro Paulina junto a su esposa Fermina pudimos viajar
en el tiempo y recorrer, de alguna manera, los comienzos de Santa Isabel.
Ellos, y todos los que llevan grabado en sus memorias los sucesos que nos
ligan como sociedad a este lugar, son parte de un capital que no siempre
apreciamos. Esta nota tuvo la finalidad de conservar, aunque mínimamente,
parte de ese capital.
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