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Nº 3 - 15/05/99
Ramón Martín
Hernández, "Ramoncillo" - UNA VIDA DE DOS PUEBLOS
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"Ramoncillo"
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Encinasola - España
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Santa Isabel - Argentina
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Cada una de las vidas que
transcurre es una historia. A menudo, a través de los medios de
comunicación accedemos a detalles de las de los famosos. En Santa
Isabel también algunas personas son más conocidas que otras:
deportistas, políticos, artistas, funcionarios, integrantes de
instituciones, etc. Ellos, generalmente, consultados por el periodismo,
nos revelan datos de sus actividades. Además, existen
personas que, sin haber nunca estado en radio o televisión son
conocidas por casi todos. Unos y otros son personajes que transitan por
nuestras vidas y las calles de la localidad sin que conozcamos sus anécdotas,
sus sueños, sus pensamientos, aventuras y desventuras. Ellos son la
historia viva de nuestro pueblo.
En un intento que nos revele tantas sabidurías desconocidas como
así también el pasado de nuestro lugar, desfilarán por estas páginas
las crónicas de esos conocidos que tenemos en común. Comenzamos con
alguien que nos cuenta su vida de dos pueblos.
En una templada tarde de este otoño, a mediados de abril tuve la
oportunidad de hablar con él. Lo encontré en el lugar donde suele vérselo,
detrás de la Terminal, cerca de las vías.
-¿Qué quiere que le cuente?- Responde a mi propuesta de saber sobre su
vida- Yo estoy aquí desde el '48. El 26 de febrero que pasó cumplí 93
años.
Él se llama Ramón de nombre y Martín Hernández de apellidos
paterno y materno respectivamente. Todos lo conocemos desde siempre como
“Ramoncillo”. Me invita con un caramelo y, con su acento español
intacto, se dispone a contarme todo lo que le pregunto.
Cuénteme sobre sus años en España.
= Nací en un pueblo cerca de la frontera con Portugal, en la
provincia de Salamanca, Castilla la Vieja. El pueblo se llama
Encinasola. Allí había unos 500 o 700 vecinos.
A lo mejor ahora está más grande.
= No crea, es un pueblo "mísere", de pocas
probabilidades de progreso. Vivíamos de la agricultura. Se sembraba
trigo, garbanzos, cebada. La cebada se vendía para hacer cerveza. Es un
lugar llano, allí no hay montañas. Mi padre guardaba unas ovejas
ajenas, de otros, en el campo. Y esto de vestir y comer andaba mal, por
eso fuí poco al colegio, pero algo aprendí.
¿Qué trabajos hacía en España?
= De albañil, como aquí - pasa alguien y lo saluda - ¡'dioó!! ...Yo
siempre trabajé en la construcción. Otro oficio no he tenido.
¿Usted participó de la guerra civil?
= Si, yo estaba pal' lao de Franco. Yo y otros dos hermanos más.
Había que ir. Te mandaban las autoridades y había que ir... Yo reclamé
porque la ley decía que dos hermanos tenían que ir, pero que tres no.
Reclamé, me presenté en el cuartel, pero como hacían falta hombres me
dijeron: "Usted va a donde lo mandan y se calla la boca". Y
tuve que ir año y medio a la guerra. Me mandaron a la capital
(provincial), a Salamanca, pero hubo que irse porque habían matado a
muchos en una parte y me tocó ir a Barcelona, al Hotel Buenos Aires.
Teníamos la compañía allí.
Nosotros estábamos a la retaguardia por- que mandaban al frente a los más
jóvenes. Teníamos un brazalete que decía “Orden Público”. Estábamos
allí por si había algún levantamiento o desorden. Casi tres años duró
esta guerra.
¿Por qué vino a la Argentina?
= Vine porque aquello quedó un montón de escombros y nos moríamos de
hambre. Trabajo no había y mi cuñado estaba acá. Se vino a los 15 años.
Nos mandó llamar y nos refugiamos aquí. Aquí he trabajado bastante
como me han visto.
¿Me cuenta algo sobre el viaje?
= Después de la guerra me fui a mi domicilio. Luego arreglamos
los papeles y embarcamos con mi esposa en Barcelona. El barco era el
“Cabo de Buena Esperanza” y viajamos bien; no puedo decir nada, ni
del barco ni de la comida. Era un barco español que le habían comprado
usado a Norteamérica. Vinimos de allí por el Mediterráneo, luego a Cádiz,
de allí al Brasil y Montevideo, en Uruguay. Ahí vi los submarinos
alemanes que estaban en la boca del puerto. Los jefes alemanes se
fugaron en ellos y los barcos ingleses y norteamericanos los esperaban.
Los barcos persiguieron a los alemanes hasta Montevideo. Desde ese lugar
cruzamos a Buenos Aires. Nos esperaba el cuñado, hermano de mi mujer,
con uno muy rico que era su compadre y con el coche. Fuimos a la casa de
este pariente en Buenos Aires y estuvimos 20 días hasta que nos tomamos
el San Martín, el tren. Desde Arribeños mi cuñado llamó aquí a
Falagán, que tenía coche de alquiler. Cuando bajamos en la estación
ya estaba Falagán esperándonos.
Como le dije, vine a la República en el '48, directamente acá porque
además de mi cuñado estaba una sobrina, que era maestra y daba clases.
Luego en la época de Perón se fue a Rosario. Yo vine con mi esposa,
que murió hace 20 años. Se descompuso, la operaron en Venado Tuerto y
después la llevamos a Rosario. Pero ya no hubo remedio para ella. Le
puse unas monedas en los ojos porque les quedaron abiertos.
¿Qué trabajos hizo en Santa Isabel?.
= Trabajé en la construcción. Hicimos el colegio (779) con
una empresa de Junin. Allí comencé a cavar los cimientos y me tocó
cargar con el equipo. Ellos se marcharon a Villa Constitución y no fui
porque decían que allí la vida era más cara. Trabajé en el
ferrocarril, en la construcción de la vía de acá a Otto Bemberg
(Rastreador Fournier) y, en la misma vía en Caseros y Santos Lugares.
También hicimos la fábrica, la de leche (ex Uperlact). La comisaría
también. En el molino harinero estuve desde que se empezó hasta que se
terminó. Hicimos también el desvío de la ruta hasta el cruce y la
entrada al pueblo (calle Sarmiento). También con Carpi hicimos algunos
puentes sobre la ruta. Desde que estoy aquí nunca me faltó trabajo.
Pero después tuvo un accidente
= Tuvimos un accidente cuando íbamos a Rosario a visitar la
sobrina. Antes de llegar a los talleres de Pérez en una curva muy
cerrada caímos de un puente a un arroyo. Era la una de la madrugada.
Desde ese accidente las piernas me quedaron torcidas para un costado.
Igual trabajé hasta hace unos años, en la Comuna, cuando pedí la
pensión.
¿Cual es el balance de todo este tiempo en el país?
= No tengo queja alguna de la Nación. Yo he tenido que trabajar
pero no me faltó de comer y no puedo decir nada mal de la Argentina. Al
contrario, agradecido. Lo que puedo dar es muchas gracias. Me encuentro
muy satisfecho, y donde esté yo a la República Argentina la voy a
defender.
¿Qué opina de los políticos?
= Yo le voy a decir que en los políticos no creo. No he creído
en aquellos, los de España, porque he visto lo que he visto, y acá,
desde que estoy veo cosas malas. Me parece que se equivocan. Hay cosas
que no deberían ser. Se ven algunas injusticias. Somos pobres, como yo,
que soy el más pobre que hay en el mundo, pero no debería haber
injusticias ni miramientos.
¿Le gustaría volver a su pueblo?
= Sí, pero ya no tengo padre, no tengo madre ni hermanos que estén
en el pueblo. Los parientes ya no están allí, están en otros lugares.
Tengo una hermana que está en Brasil, frente a Formosa. A las hijas las
tiene casadas con unos italianos que han comprado terreno, tienen
chanchos y cosechas. Tengo correspondencia con ellos.
¿No los fue a visitar?
= Ellos me dijeron que vaya, pero sabe, hay mala combinación.
Primero tengo que ir a Rosario y luego tomar varios colectivos.
¿Qué le hubiese gustado tener en su vida y que no ha podido?
= Una casita...una casita con algún terreno y criar, como criaba
en mi pueblo. Tenía mis conejos, criaba chanchitos. Me quería como una
persona mi chanchito. Lo rascaba, y se acostaba para que lo siguiera
rascando. Le daba de comer y cariños.¿Y sabe lo que hacía?: salía a
un campito al que lo largaba para que se distrajera y comiera verdeo. Si
yo quería dejarlo, como al descuido me marchaba, despacio. Pero era muy
vivo, me encontraba oliendo las huellas. Me lo tuvo que carnear un
hermano porque yo lloraba. Lo quería como a una persona... (casi con lágrimas
en los ojos) Porque él me quería a mi también. Que iba a hacer,
hombre... que iba a hacer, lo mataba a él para comer yo.
¿Eso era en España?
= Si, eso era en España, en una casa alquilada. La propiedad no
era mía. Era de uno que tenía una fábrica y yo le pagaba
mensualmente.
-Pasa una conocida y lo saluda, él contesta: Aquí estamos,
conversando de España. Cosas de la vida... Y Ud. ¿Anda de mandaos?...
= Yo no tengo mal corazón, me conocen bien. Ropa que pido en
alguna parte, al pan que me sobra, los voy guardando. Me quedo lo que
puedo de la ropa o del calzado que pido en algunas casas. A quien yo veo
que tiene necesidad se la doy. Eso no es pa' mi que me compro. Lo que
pido en otras casas yo se lo doy a personas que veo que tienen faltas de
ellas. Al pan se lo doy a quien lo necesita. Dirán lo que les dé las
ganas de mi, pero la policía no me ha dicho ni una vez: "Ramón,
ven a la comisaría" por delito alguno.
Usted vive en el Hospital ahora. ¿Cómo lo tratan?
= Me tratan bien. Yo me compro mi comida, hoy me he comprado un
pollo.
Con Ramón hablamos también de sus compañeros del Asilo y además
entre otras cosas me contó sobre sus activas aventuras
amorosas."Cosas de la vida", como dice él.
Sus 93 años transcurrieron durante todo este siglo que está
culminando. Tiene recuerdos de lugares y tiempos que casi todos nosotros
no hemos conocidos. Con vitalidad se apresta a recibir el 2000. Es parte
de la memoria de este mundo, y una porción de ella le corresponde a
Santa Isabel, su segundo pueblo, en el que se desarrolló más de la
mitad de su vida y en el que fue una de las piezas que forjaron su
historia.
Si deseamos bucear en el pasado de la localidad, él es uno de los
tantos que nos pueden aportar datos precisos para armar nuestra
historia. No está mal tenerlos en cuenta para entender, a través de lo
sucedido y sus conocimientos, nuestro presente.
La tarde comenzaba a caer y nos despedimos. Se cena temprano en el
Asilo.
Ramón, lo dejo.
= Bueno, yo me voy a ir aproximando al supermercado a buscar el
pollo que encargué. Estoy a sus órdenes en lo que se pueda. Como
pobre, lo que esté a mi alcance... ya sabe.
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