Nº 91 - 05/08/08
OTRA DE YACO
Nuestro
"memorioso" vuelve con otra anécdota de su personaje isabelense
preferido.
En la casa familiar de Yaco se comenzó a observar gran actividad,
albañiles y sus ayudantes tomaban medidas y cambiaban impresiones acerca
de los trabajos que debían llevar a cabo, todo, obviamente, dirigido y
supervisado por nuestro protagonista, al que le descubriremos una nueva
y curiosa faceta, una forma extravagante de cuidar sus intereses, lo
conocimos dadivoso y desinteresado, ahora, totalmente en el lado
opuesto, demasiado obstinado, casi rayando lo exagerado. Nuestro
personaje había decidido refaccionar su vivienda, es decir; hacer todo
de nuevo, para esos fines adquirió los mejores materiales y accesorios,
era un erudito en esos temas, también seleccionó a los constructores y
los mejores expertos y capacitados en los oficios suplementarios,
herreros, carpinteros, plomeros, etc.
Es necesario dejar aclarado, que el proyecto fue obra personal de Yaco, él
realizó los planos de la obra, como así también diseñó los distintos
equipamientos, sanitarios, eléctricos , distribución de agua, aberturas
y sus accesorios, este último aspecto se relaciona directamente con esta
historia. Provisto de los esbozos, medidas y cantidades se apersonó en
el taller de Mario, un excelente y reconocido carpintero, a los efectos
de requerir sus servicios para la realización del total de la
carpintería de la obra, le aclaró que le suministraría la madera
necesaria, la había comprado en Bs.As. y era de muy buena calidad y
precio, el trabajo consistía en la manufactura y colocación de las
aberturas, el pago sería de contado, al finalizar los trabajos y previa
aprobación del contratante, después de una corta charla, se pusieron de
acuerdo, con respecto a precios, plazos de entrega y demás aspectos
inherentes a tal convenio, Yaco prometió hacer llegar la madera en unos
pocos días, así ocurrió y Mario comenzó sus tareas.
Pasó el tiempo y la obra fue llegando a su fin, Mario cumplió con lo
pactado, terminó las aberturas y afines, y comenzó a colocarlas. ¡ No
paso la primera supervisión de Yaco! Al fijar en sus marcos puertas y
ventanas utilizaba tornillos tipo bis, los comúnmente llamados
"tirafondos" y para facilitar la penetración los lubricaba con jabón.
¡De ninguna manera podía hacer tal cosa! El supervisor le recriminó
severamente, ¡el jabón contenía soda cáustica! y eso ocasionaba
corrosión y con el tiempo acarrearía problemas. "Yo te voy a proveer lo
que hay que usar", dijo Yaco y, seguidamente, le alcanzó un frasco con
grasa de cerdo sin sal. "Esto es lo mejor", aseveró. Mario no se
extrañó, sabía sobradamente de las rarezas de su cliente, por otra parte
respetaba sus opiniones y consejos; era un hombre de vastos
conocimientos en todos los ámbitos.
Al fin, después de soportar varias observaciones menores y algunos
consejos, el destacado maderero acabó su labor, se lo comunicó a Yaco y
éste, después de una inspección rigurosa, dio su aprobación. "Todo esta
perfecto, che!; mañana, cerca del mediodía, iré por tu taller a arreglar
cuentas". Mario no dudó en absoluto sobre tal promesa, conocía
sobradamente la seriedad y asiduidad de su cliente. Y así resultó nomás,
a la hora indicada Yaco acudió a la cita, portaba un cuaderno con
anotaciones y operaciones matemáticas, todo estaba ahí anotado.
"Bueno Gringo, es lógico que te pague, verdad? Pero debo hacer una
deducción al precio estipulado". "¿Cómo, por qué? replicó Mario, "si yo
cumplí al pié de la letra"
"Debo reconocer que efectuaste una muy buena labor, pero... yo hice mis
cuentas. Como ves -y le mostró sus cálculos-, si gustás los repasamos.
Entiendo que me están faltando algunos pies de madera; te entregué 500 y
me devolviste, manufacturados, 490. Notarás que hay una diferencia".
"¡Son los recortes y desperdicios!, eso es totalmente normal, Yaco!"
"Es cierto, no lo dudo pero, ¿qué hiciste con ellos?.
"Los utilice para el fuego del brasero de la cola" -en esos tiempos no
existían productos sintéticos, se utilizaba la famosa "cola de
carpintero" que se preparaba hirviéndola en baño Maria, quemándose los
trozos descartables, como en este caso-.
"Admito que es lo usual, pero yo no te autoricé a hacer tal cosa, de
manera, que muy a mi pesar -dijo Yaco- debo descontarte el valor de esa
madera que falta". Y así lo hizo; pagó en efectivo su cuenta y se
marchó.
Mario siempre recordaba el episodio, el monto en cuestión no era
importante, no valía la pena discutir por él. Con seguridad Yaco
seguiría siendo un muy buen cliente, pero había que soportarle ciertas
rarezas y puntos de vista.
Como hemos visto en otras oportunidades, no obsequiaba nada, poseía sus
códigos en tal aspecto. Aquí aplica uno de ellos, nada ortodoxo por
cierto, pero no por ello original.
C.O.S.