Nº 41 - 05/03/03
EL GAUCHO
MILANESI, UN CRIOLLO DE MI PUEBLO
Anécdotas,
costumbres y creencias de un cultor de las tradiciones argentinas.
(basado en un trabajo de Vanesa Soñéz)
Hijo de inmigrantes
italianos, nacido en Melincué en 1924, Luis Eduardo Milanesi -el gaucho
Mila- continúa apegado a las cosas y costumbres gauchescas que supo
cultivar y amar desde niño. Su figura suele aparecer en desfiles
gauchescos, domadas, carreras cuadreras o de sortijas y también a la hora
de exponer sus trabajos en cuero o de enseñar a ensillar un caballo. Es
un baluarte de las tradiciones camperas, raza en extinción, y un
personaje singular de Santa Isabel.
En su quinta, donde vive con Dominga, su mujer, nos recibió para
contarnos mil anécdotas, creencias populares y mostrarnos sus trabajos
artesanales en cuero.
Usted es un gaucho con apellido italiano.
=Si tengo un apellido gringo, soy un gringo criollo porque soy hijo de
italianos.
¿De donde le viene esto de las costumbres camperas y lo
gauchesco?
= Nosotros nos criamos en el campo, entre el gauchaje. Donde estábamos,
agricultura no se hacía, las vacas se criaban bien, se amansaban
caballos. A mi viejo siempre le han gustado los animales, y yo me crié
entre ellos, en un campo que ahora debe tener 5 metros de agua de la
laguna de Melincué, que en esa época estaba cerquita.
¿Como era la laguna en ese tiempo?
= Yo no me acuerdo, pero mi padre siempre decía que la cruzaban con el
sulky, que era una lagunita nomás. Él la conoció en 1903 y siempre
contaba que se empezó a agrandar cuando pasaban con las máquinas
trilladoras, esas máquinas viejas con el motor a vapor; y decía que uno
de esos motores se enterró y no lo pudieron sacar más, se fue abajo y de
ahí se empezó a agrandar la laguna. Esa es la historia que siempre
contaban.
¿Vivió mucho tiempo en Melincué?
= No, ya en el '29 vinimos a una chacra de Santa Isabel. Ahí había un peón,
Don Lucero, que era un gaucho de los verdaderos, yo lo imitaba en las
costumbres y con él fui aprendiendo muchas cosas del campo. A los 13 años
ya sabía castrar y me vestía como Don Lucero, con bombacha, rastra,
alpargatas y llevaba en la cintura un cuchillito que él me había
regalado.
¿En qué se destaca más?
= Bueno, en un poco de todo. Yo he amansado, porque es lo que me han enseñado.
Sobre que me gustaba, a mi viejo también le gustaba amansar los caballos
de pecho y de sulky. Tuve unos maestros muy buenos, entonces ahí aprendí.
Para amansarlo bien tiene que tener un año y pico; para conocerlo bien,
para que vos te colgués del estribo y no se te asuste. Lleva tiempo y hay
que tener paciencia y conocimiento, porque al caballo vos le hacés hacer
cualquier cosa si querés. Hay muchos que a los ocho días quieren que el
caballo se siente en un bar a tomar algo... no puede ser.
Después, con los trabajos en cuero, fui aprendiendo de unos y de otros.
Una vez, un viejo no me quería enseñar unas cosas, y yo le decía
"enseñame", "no, vení que yo te lo hago". Y era
tuerto, pobre hombre; mientras él trabajaba yo le cebaba mate y lo
bichaba del lado del ojo que no veía. Y... aprendí.
Las primeras cosas que hice fueron bozales, rebenques, maneas, encimeras,
frenos; los aperos para el caballo. Después fui haciendo cosas más
trabajadas, con adornos gauchescos.
En eso he trabajado mucho cuando tenía bruselosis y no podía trabajar.
También trabajo en los días de lluvia o en invierno, que las noches son
largas.
¿Qué preparación se le hace al cuero antes de trabajarlo?
=Hay que sacarle el cuero al animal, puede ser en lonjas que se pelan
frescas a cuchillo o entero y cuando está medio queriéndose secar, por
lo menos un mes y medio o dos, hay que empezarlo a cortar y sobarlo.
Al cuero vacuno hay que estaquearlo a la sombra, sino se reseca mucho,
después a la noche, si hay rocío se le pone una bolsa arriba. En los
tiempos de mucha humedad hay que ponerlo bajo techo. Después hay que
sobarlo, cuando las lonjas están sobadas ya se puede empezar a trabajar.
El cuero de oveja, ya es más jodido, porque cuando lo ponés a secar, si
está amontonado o con humedad se calienta, ese es el que da más trabajo.
Al yeguarizo hay que sacarle las lonjas, no más, porque la lonja se
prepara para hacer tientos. Pero lo que más se usa es el cuero de vaca.
¿Usted vivió siempre en esta quinta?
=No, primero en el campo Rueda, allá fuimos en el año '31. Compramos ahí
y después, cuando vino la inundación, en el '73, '74, aguantamos cuatro
años y no aguanté más, porque de las 100 hectáreas había una islita
nomás. Y me asusté más cuando al tercer día de viento norte se llenaba
el campo de agua sin llover, que venía de abajo, por la laguna de Melincué;
cavabas una punteada y ya salía el agua. Y era perder cosecha un año,
perder cosecha otro año, malvender la vacas, malvender los chanchos...
De ahí compramos un campito frente a la estancia Santa Marta, después lo
vendí y compré en La Carlota, un campaso. Y allá, muy bien, me gustaba.
De cuatro cosechas, una sola cosechamos, que era el girasol. Al girasol,
cuando lo sembramos, valía 12,80, lo cosechamos, sacamos 1.500 quintales,
lo vendimos a 5, 80! Una vez le agarró una peste al trigo, otra vuelta
sembramos soja, un sojal, le agarró la arrolla cuando ya estaba queriendo
largar la chaucha... no sirvió más. Cuando la sembramos, ahí no la
conocían, sacaban fotos y todo; y se quedaron con la foto nomás.
Y el último año había sembrado trigo, que ya había empezado a
cosechar, habíamos sacado poquito ¡y se vino un tornado!... Las dos y
media de la tarde. Mirá, el trigo quedó como una gramillita, alta así,
y gracias a Dios que nos salvamos nosotros! Yo nunca había visto un
eucalipto, que entre dos no lo abrazabas, arrancarlo de raíz y
levantarlo; y a otros los cortaba!
"Mila! Mila! saque la chata de ahí!", me gritaba el puestero.
Estaba cerca de una planta, y había un tinglado abierto y lo metí ahí
nomás, le puse los frenos y la dejé. ¡La mesa del comedor en contra de
la mesa de la cocina, los bancos arriba! "Mila!, cualquier cosa abajo
de la mesa, eh".
Al techo no se lo llevó porque eso es como una hectárea de puro monte y
la casita al medio. Eso paró un poco el viento, pero le arrancó la rueda
con máquina y todo al molino.
¿Vivían en esa chacra?
=Ya estábamos acá en la quinta, por ahí iba para allá, o estaba acá.
Y después vino un comprador, vos lo veías y no dabas nada, un crotito;
sacó un paquete con una bolsita de plástico y ahí tenía la plata. Me
la pagó en efectivo sin hacer boleto ni nada. "Deme la mano, no
precisa que hagamos boleto ni nada, ni que haya comisionista, venga la
otra semana y ya tiene toda la plata", y así lo vendí.
Además se ha dedicado a los animales...
=A las vacas, más que nada. Ahora tengo ovejas nada más. Los chicos
criaron chanchos, yo también crié chanchos pero ahora no, la osamenta ya
no me da.
¿De curandero tiene algo?
=Y, más o menos... El ardor de las quemaduras, los bichos de los animales
y el dolor de muela los puedo curar, por lo menos dicen que se les pasa.
¿Será sugestivo o será que Ud. tiene algún poder?
= Y será, no se. Yo no se, porque eso es cosa de Dios nomás.
¿Como se curan los animales embichados?
=Se cura por el color del pelo. Se cura con el color rabicano, que entran
todos los colores, igual que el cristiano, yo veo uno negro, otro rubio,
el color rabicano y a la miércoles.
¿Usted dice una oración mencionando el color del pelo?
= Si, claro. Y... por lo menos los bichos de los animales se mueren y el
dolor de muela se pasa. Pero yo les digo, si no les pasa el dolor vayan a
un dentista, porque puede haber un quiste, o inflamación, yo no estoy
para curar eso.
Si veo un animal embichado, aunque no sea mío, yo lo curo igual, de
palabra. Otra forma de curarlos es con la pisada; donde está la marca
donde pasó el animal embichado la cortás con el cuchillo y la das vuelta
y ahí le decís lo que tenés que decirle.
Ahora me enseñaron otra forma de curarlos pero todavía no encontré ningún
animal embichado. Me dicen que cuando se termina de curar, los bichos del
animal se caen. Mi padre siempre contaba de un vecino que sacaba un
poquito de tierra y la tiraba sobre el lomo del animal y como caía la
tierra caían los bichos.
Hay gente que no cree en estas cosas...
=Ah, no. Pero si les toca, después cree, no se... Me acuerdo que fui un día
al hospital y sentí un chiquitín que lloraba desesperado. Y no aguanté,
"yo voy a preguntar que le pasa", y era una nenita que se había
volcado agua caliente. Le digo a la madre "voy a casa (para no errar
alguna palabra, porque tengo todo escrito), la curo y vengo de vuelta,
vamos a ver que pasa". Vine y la curé, cuando volví dormía, che,
tranquila.
¿Esto se puede enseñar?
=Si, a mi me enseñaron, me la dieron escrita, "abrir en noche
buena", ahí se puede transmitir. Y hay otros que no se puede enseñar
ni en noche buena ni nada. Yo tenía un concuñado que era una barbaridad
para curar animales o bichos en el cereal. "Enseñame", le decía,
"no, no puedo". "¿Y en noche buena?, "no, no, pierdo
el don". La habrá aprendido solo.
¿De donde provienen estas creencias?
= Acá, en la Argentina y en todos lados siempre ha habido, porque mi
madre y mi padre, decían que en Italia había curanderos. Mi viejo se
clavó una astilla en la panza y los doctores no querían abrirlo para
sacarla, entonces fue de un cura. Le dijo "cuando estés abajo de esa
planta, te das vuelta y me saludás y después mirate la espina". Lo
saludó y cuando miró, la espina estaba afuera, sola había salido! Eso
siempre lo contaba.
Y a mi madre, cuando era chica, tenía 11 años, eso en Italia, le iban a
cortar la pierna en la rodilla, no sanaba. Entonces, como mi abuela era
muy católica, habló con un cura y la mandó a lo de Don Bosco; le hizo
una carta y todo. Se fueron en tren. Las hizo dormir en piezas separadas,
puerta de por medio y a la madrugada, cuando estaba saliendo el sol, se
despierta asustada, se levanta de la cama y sale caminando!... Mi mamá
murió a los 87 años y con la pierna bien, son cosas que parece mentira
pero que son ciertas.
¿Y eso de curar los lotes sembrados?
=Yo a eso no lo hago pero da resultado, si señor.. En Colón había una
señora, siempre nos han contado, que cuando había isoca en el lino,
porque antes se sembraba mucho lino, ella no las hacía morir, ella miraba
y decía, "¿por acá no hay un lote de tierra arada? yo las mando ahí",
las mandaba ahí, se morían de hambre y el lino se salvaba. También había
gente que curaba la isoca del girasol.
Y están los que dicen que pueden cortar las tormentas...
=Yo, hasta ahora, me tengo fe.
Pero a esa de La Carlota no la pudo parar!
=No ¡Si cuando la vimos ya estaba encima!
¿Y cómo es eso de cortar tormentas?
=Y, una cosa así también. Tenés que decir unas oraciones, hacer unas
cruces...
¿Y se cortan o no?
=Si, sin ir más lejos, el otro día cuando vino ese viento fuerte, me vi
venir a esa tormenta, y bueno, se abrió. Hay que agarrarla a tiempo,
porque si la tenés encima ya no podés hacer nada.
Mirá, una vez había ido a una domada en Runciman. Hay m'hijito, venía
un tormentón! que hizo daño, todo por ahí. La gente disparaba y digo
"yo me le tengo fe que voy a cortar esa tormenta " y todos me
miraban. De la cancha de fútbol que hay ahí, salí al campo y la
tormenta se abrió. Parece que ella te obedece, se corta donde estás.
Usted se convence de que eso va a suceder...
=Claro. Ahí, lo que tenés es la fe.
¿La gente le pide su ayuda?
= Me lo piden por teléfono, otros vienen.
Hay quienes viven constantemente detrás de los curanderos...
=Para mi eso no es bueno. Ya se pasan, ir por una recalcadura vaya y pase.
Yo no receto nada, si sana así bien, y si no que vayan al médico.
Usted siempre participa de peñas y desfiles gauchescos...
= Algunas peñas se han perdido, otras siguen. La nuestra es Refugio de
Amistad, tenemos un terreno pero no se por que no siguen los muchachos.
Y a los desfiles siempre voy porque es lindo, porque le hace honor al
pueblo y se junta mucha gente para ver.
Además me llaman de las escuelas para mostrar como se ensilla un caballo.
Ahora llevo el caballete porque el caballo se me murió, ahí lo tengo
enterrado. ¡Criollo sin caballo! Y yo les digo, a los de la peña, "¿por
que no le enseñan ustedes?".
Para terminar, ¿Como se ensilla un caballo?
=Primero hay que agarrar el caballo, ponerle el freno y el bozal, si es
arisco tenés que manearlo, para que no te de una patada. Para ensillarlo
se pone primero la sudadera, que es una lonita. Después le ponés los
mandiles: la carronilla y la carrona de suela. Después tenemos el basto,
que va arriba; ahora agarramos la cincha, que tiene los estribos y que
viene con la maletita para llevar la botella de vino o de ginebra, se pasa
por abajo de la panza y se aprieta. Después viene el pellón, el
cojinillo, un cuero de oveja y la sobrecincha, apretando el cojinillo.
Después de andar, cuando se desencilla, hay que lavarle el lomo y abajo,
porque está sudado. En los días de frío también, porque si queda el
sudor, peor. En verano se le puede tirar unos baldazos, porque si lo largás
así se seca el sudor y le sale unos granitos en el cuero.