N° 48 - 27/02/04
TRABAJAR EN LAS MÁQUINAS.
"Nelo"
Astolfi resume casi 50 años de trabajo en las cosechadoras. Costumbres
y situaciones de ayer y de hoy ligadas al mundo de las máquinas.
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Las Massey Harris y
el personal posando para la foto. |

En la casilla. Un
momento de recreo entre tanto trabajo. |

Recién llegada. La
familia posa junto a la nueva Giubergia. |
La
industria argentina de maquinaria agrícola, pionera en Sudamérica, tiene
un largo historial que se remonta a 1878, cuando en Esperanza (S.F.), la
primer colonia agrícola del país, Nicolás Schneider inició la
fabricación de arados.
En nuestro país, las cosechadoras se comenzaron a fabricar mucho
antes que lo hicieran las firmas líderes mundiales: Massey Harris en
1938, International Harvester en 1942 y John Deere en 1947. Terminada la
Primera Guerra Mundial (1914-1918), y aún desde 1912, comienzan a
aparecer en los campos argentinos las primeras cosechadoras de trigo
arrastradas, en su mayoría, por caballos y desprovistas de motor, que
tomaban sus movimientos de una de las ruedas; ganándole terreno a las
viejas trilladoras de amarre. La cosechadora se definía por la combinación
de la siega y la trilla simultáneamente, además del embolsado del grano
y de poder cosechar distintos tipos de cereales. Por estas razones uno de
sus nombres más conocidos fue el de corta-trilla. Precisamente,
“cortitrilla” ha sido y es la palabra que junto, y muy especialmente,
a la de “máquina” define, por estos lugares, a las cosechadoras.
Trabajar en las máquinas significa, ineludiblemente, trabajar en las
cosechadoras.
Hasta llegar a la época actual, en que las máquinas -la mayoría
importadas- poseen equipamientos computados y guías satelitales con gran
comodidad para el operador, en Argentina se produjeron miles de unidades
de diferentes marcas y modelos.
La mayoría de las fabricas se situaron en el sur de Santa Fe,
centro y sur de Córdoba y noroeste de Buenos Aires (en nuestra provincia
se forjaron nada menos que veinticuatro fábricas entre los años 1921 y
1960). Algunas de estas fábricas fueron o son: En Susana: (1917) Luis
Gnero y Miguel Gardiol. En San Vicente: Hermanos Senor (1921), Bernardin
(1923), Flamini (década del '40) e Industrias Boffelli S.A. (1958). En
Sunchales: Alfredo Rotania (1920) que en 1929 recibe el título de
“Patente de Invención” reconociéndosela como la primera cosechadora
automotriz del mundo, y José Alassia (1927). En Josefina: Santiago Puzzi
y Cía. (1926). En Angélica: Luis Boschetto y Hnos. S.A. (1939). En
Colonia Margarita: Picco, Apendino y Cía. con la marca Marfariteña. En
María Juana: Juan B. Buriasco y Cía con la marca La Soberana. En Zenón
Pereyra: Baietto y Cía., Contardi y Cía. y la firma Osvaldo y Atilio
Forzani S.R.L. En Totoras: Miguel Druetta (1923). En Rosario: Grandes
Establecimientos Metalúrgicos Argentinos S.A. -GEMA- (1943). En Venado
Tuerto: Giubergia (1948). En Firmat: Roque Vassalli (1949) e Industrias
Agromecánicas Di Tullio S.A. (1955). En Casilda: Ramón Amadeo Guasch
(1943), Establecimientos Industriales Rector S.A.C y F. (1949),
Establecimiento Metalúrgico Marani S.R.L. (1948) y AUDMEC S.A. (1958).
Además, entre 1939 y 1945, Mainero y Minervino fabricaron los
primeros equipos para cosechar girasol, inéditos en el mundo; y en 1950
las fábricas Vasalli y Giubergia fueron pioneras en el mundo con la
fabricación de cabezales maiceros.
Entre tantas marcas y modelos y la inacabable extensión de campos,
los hombres dedicados al trabajo específico de la cosecha continúan
tejiendo infinitas situaciones, anécdotas y costumbres. Muchas se repiten
desde siempre, otras van mutando conforme a los nuevos tiempos.
Anello ("Nelo") Astolfi pasó la mayoría de su vida
ligado a este trabajo. Por eso hemos recurrido a él para que nos cuente
sus experiencias y nos acerque al mundo de las máquinas, el que, aún teníendolo
tan cerca, para muchos de nosotros puede ser desconocido.
¿Cómo comenzó a trabajar en las máquinas?
= Trabajé algunos años en las estaciones de servicio del pueblo y después,
cinco años en la fábrica Carelli, en Venado Tuerto. En ese tiempo,
cuando ya estaba casado, tenía 24 años, surgió la oportunidad de
comprar una máquina y trabajar junto a mis cuñados "Tito" y
"Franco" Pellegrini, con quienes estuve cinco años.
Me pasaron el dato de una usada, una Massey Harrys 21 A, que estaba en
Salto así que un domingo a la mañana, con una helada bárbara, fuimos
con Tito en una Ford "A" a buscarla. Resulta que estaba casi
nueva, pero le habían dejado el agua en el motor y el hielo de la helada
lo había rajado. Así que estuvimos varios días dando vuelta hasta que
trajimos el motor para desarmarlo y al final lo mandamos a Buenos Aires a
un taller que le hacías las reparaciones al motor de Oscar Gálvez y que
había inventado un sistema para sellar estas rajaduras. Después de este
arreglo pusimos el motor y hasta el día que la vendí, nunca tuve
problemas por eso.
Esa fue la primer máquina que compré, en el año 1953, y era igual
a las que tenían Tito y Franco.
¿Cuanta gente trabajaba en esas máquinas?
= Mientras se trabajaba íbamos cuatro personas, el maquinista, un
costurero, un enganchador y un ayudante. El maquinista manejaba, el
enganchador iba poniendo o enganchando las bolsas en las boquillas de la máquina,
la sacaba cuando estaba llena y se la daba al costurero. El costurero la
cocía, la cerraba y la largaba en la batea, una especie de tobogán, en
el que entraban tres bolsas y una arriba, cuatro. Para largarlas se
apretaba un pedal que habría la puerta de la batea y las bolsas, mientras
la máquina seguía en marcha, quedaban acostadas en el campo. Se tenía
la precaución, para que no se perdieran, de largarlas siempre en la misma
fila, porque si no después no se veían todas y algunas quedaban tiradas
en el campo. Entonces, en la primer vuelta que se daba se paraba una
bolsa, como para marcar, que servía de guía para largarlas en la misma línea.
Además esto hacía más fácil el trabajo de pararlas.
¿Cómo era el trabajo del costurero?
= Cuando yo me inicié había que poner gente del Centro si o si, entonces
íbamos al Centro de Trabajadores a pedir la gente; para tres máquinas se
precisaban seis personas. Por ahí te tocaba un enganchador que más o
menos sabía coser y ayudaba, pero como las máquinas eran chicas, poco
pie de corte, iba bien. Pero guarda, había gente muy hábil para coser rápido,
no era fácil, el costurero tenía que saber trabajar bien.
Venían las madejas de hilo para coser las bolsas de arpillera. El
costurero la cortaba al medio y le quedaban pedazos de hilo de 1,20 m. más
o menos. Enhebraba la aguja y quedaba doble hilo, empezaba a coser de una
punta de la boca de la bolsa, hacía una oreja y cosía hasta la otra
punta donde formaba la otra oreja y quedaba la bolsa cerrada.
¿Cómo se trabajaba con las bolsas que quedaban en el campo?
=Generalmente se iba trillando y el colono, con gente de la familia o del
Centro, las iban parando para que se orearan bien. No había secadoras,
había que trillar seco, aunque parando las bolsas, el cereal se seca
solo. Después las recolectaban y hacían estibas en los galpones o en el
campo para después sacarlas en los camiones.
Con la humedad, estando paradas no había problema. Por ejemplo,en
Villa Valeria, San Luis, hicimos 15 montones de sorgo de 700 u 800
quintales cada uno y al medio una hilera larga: Si llueve se moja una capa
arriba de 10 cm. y después no entra más la humedad, se hincha y corre el
agua como si fuera una lona. Por eso las bolsas se podían dejar unos días
en el campo.
Eso fue así hasta que se comenzó a trabajar a granel...
= Las tolvas y los carritos se habrán empezado a usar a mediado de los
'60. Algunos trillaban con bolsa, pero eso era más económico para el
colono porque se lo trillabas y se lo llevabas con el acopladito hasta los
silos. Yo había comprado un silo rodante marca Tameq. Ahí cargaba el
cereal de los carritos y después los pasaba a los camiones. ¿En que zonas trabajaban?
=Con el trigo arrancábamos en el norte, el 10 o 15 de noviembre, en
Barrancas, Villa Eloísa, San José de la Esquina, y los primeros días
diciembre ya estábamos trabajando acá. Después íbamos al sur de la
provincia de Buenos Aires, Coronel Suárez, Pringles, Puán. Allá trabajábamos
un mes o un mes y medio. Pasé muchas Navidades y Años Nuevos sin estar
en casa, juntando el trigo.
¿Cuanto tardaban en llegar al sur?
= A Coronel Suárez, con las Masey Harris cuatro o cinco días. Con las
otras que compré después, tres días. A veces se tardaba más porque
ibamos haciendo algunas changas en el camino. A partir del ´70, más o
menos, cuando terminábamos la cosecha pedíamos al ferrocarril cuatro o
cinco chatas y cargábamos, en Coronel Suárez, casilla, máquina, todo lo
que teníamos, y lo bajábamos en Chapuy. En un día estábamos de vuelta.
¿Por qué todavía las máquinas siguen viajando al sur?
= Porque es mucho lo que se siembra, la provincia de Buenos Aires es muy
grande. Donde nosotros íbamos sembraban unas 1.500 has., con esas tres máquinas
teníamos toda la campaña ahí porque eran lerdas, ahora una máquina
moderna en seis o siete días liquida todo.
¿Cómo se organizaban para estar tantos días fueras de sus
casas?
= En un principio no teníamos casillas, eran un lujo, así que teníamos
una lona de siete por ocho, la cabreada, el palo largo con el puntal, y en
10 minutos armábamos la carpa. Cada uno llevaba su catre y como era
verano, la mayoría de las veces dormíamos afuera.
Una vez fuimos a Villa Eloísa con "Pirucho" Piancatelli,
que llevó el bandoneón arriba de la máquina. Llegamos de tardecita y
armamos la carpa sin darnos cuenta de que estábamos en una calle que era
como un canal, y a eso de las 12 de la noche se largó a llover, era una
cosa de locos. El agua se llevó todas las alpargatas; levantamos las
valijas con la ropa, pero del bandoneón no nos dimos cuenta y quedó
debajo de un catre. A la mañana, cuando Pirucho vio el bandoneón se
agarraba la cabeza, lo fue a sacar de la caja y se le despegó el fuelle.
Cuando lo quiso abrir se desarmó todo.
Pero pasaban buenos momentos...
=A la noche, después de trabajar continuamente todo el día, daba gusto
reunirse porque era toda gente alegre. No te los puedo nombrar ahora,
porque me voy a olvidar de muchos de los que solían venir. Eramos trece,
cuatro en cada máquina y Tito que quedaba libre porque había que hacer
la comida o hacer los mandados. En el sur es distinto que acá. A lo mejor
tenía que hacer 10 o 12 leguas para ir a buscar las cosas, andábamos con
una Ford "A" sola para atender todo. La estancia nos daba la
carne, entonces se compraba pan y lo que hacía falta para tres o cuatro días...
Y vino. Para que vamos a hablar, damajuanas de 10 litros, a lo mejor
llevábamos siete u ocho. Calculá que eramos todos tomadores de vino y
era verano. Teníamos en cada máquina una bota Pamplona colgada, cuando
se vaciaba te avisaban. Pero no era que se mamaban ni nada de eso,
en vez de tomar agua se tomaba un trago de vino.
¿A que hora comían?
=A la mañana, a eso de las 8 y media, se comían los bifes, era una
especie de desayuno. Después, a las 12 y media, más o menos, se
almorzaba, pero para no parar y aprovechar el buen tiempo se hacían
relevos. A la hora del mate parábamos todos, se paraba para echar nafta,
porque estas Masey Harris eran con motor naftero. Y después se seguía
con el trabajo hasta la noche, hasta que la humedad del cereal nos dejara.
Podían ser las 11, las 12 o las 2 de la mañana. Hemos tenido la suerte,
en un año de seca, de trabajar toda la noche.
¿Les traían problemas esos motores nafteros?
= No tanto, pero como estaba puesto abajo, a la altura de la paja del
trigo que ibas trillando, había que tener cuidado de que no juntara
basura y se prendiera fuego.
He visto cada incendio en e sur que daba miedo.
¿Por que son tan grandes los incendios en esa zona?
= En los años '60 y '61, en el sur hubo una gran sequía. Tal es así que
no quedaban vacas, los campos pelados completamente y en el '62 empezó la
lluvia otra vez. Allá son estancia de 5.000 o 10.000 has. y había
quedado, prácticamente todo sin hacienda, por eso se sembró todo trigo.
Ese año gané mucha plata, porque faltaban máquinas y se cobraba mucho.
El dueño del campo recomendaba tener cuidado con el fuego, porque
si se prendía no quedaba nada y no nos salvábamos nosotros tampoco.
Porque, ¿adonde nos íbamos a meter? Los lotes son de 1.000 o 1.500 has,
y pegado a ese a lo mejor hay otro. Cuando había hacienda no, porque
cortaban con lotes de hacienda, pero ese año habían sembrado hasta
debajo de la cama.
Todos los días se veían, a lo lejos, humaredas de incendios, daba
miedo.
Antes se acostumbraba quemar el rastrojo.
= Acá si, porque son chacras chicas. Pero allá, prohibido
terminantemente prender fuego un lote. Le echaban hacienda y la pisoteaban
para poder trabajarlo de vuelta.
Nosotros le trabajábamos a un tal Segón. Tenía un galpón todo de
chapa y sin una sombra. Obligadamente teníamos que hacer fuego ahí
adentro, y cuidadito que te viera que tuvieras un cigarrillo en la boca.
Nosotros no tuvimos incendios, pero una vez se nos venía el fuego
del campo vecino y nos metimos en medio de unas plantas. De cualquier
manera lo cortaron antes. Era terrible.
Y después de la cosecha, a reparar...
=Teníamos un mes y pico de reparación. Había que cambiar poleas,
revisar todo, llevar piezas al torno. No había bolilleros, muchos
rodillos, mucho desgaste. A eso había que hacerlo todos los años,
generalmente, se desarmaba la máquina completa y lo que estaba gastado se
ponía nuevo. Cuando tenía la Massey Harris todos los repuestos eran
importados, norteamericanos.
Hasta el otro trigo no hacíamos otra cosecha. Después cuando se
empezó con el maicero ya no. Llegábamos y teníamos que desarmar todo,
armar el maicero y salir. Yo con el maíz no salía mucho afuera.
Al principio no cosechaba maíz....
= Nosotros hacíamos trigo nada más, hasta que mucho después aparecieron
las plataformas maiceras. Después de la Massey Harris compré la primer
Giubergia, la Preferida, y cuando en el '68 compré la Super G, esta venía
con el maicero de cinco surcos. Algunos no querían saber nada con los
maiceros y juntaban todo a mano.
¿También se sembraba girasol?
= Si, pero poco. El girasolero es más viejo que el maicero, es una
puntonera, son unas bandejas separadas por unos 10 cm. de abertura.
Te cuento que una vez, con el girasolero de la Massey Harris le fui
a trillar un girasol a Adamo Pellegrini, en el campo de Baldessari. El
girasol estaba tan enredado que las tortas se quedaban trancadas en las
bandejas, las cañas quedaban debajo de la plataforma para atrás y si no
las pisabas, no corrían y se hacía un montón adelante. Entonces Adamo
iba agarrado al costado de la plataforma pisandolas; pisaba acá, pisaba
allá... Y había un eje que tenía un engranaje con un prisionero, que yo
le dije "tenga cuidado". "No, vos dale, dale..." Por
ahí veo que el prisionero le enganchó la manga del pullover, así que
enseguida saque el embrague para que se pare la máquina, pero igual siguió
por el envión. Vos podés creer que lo desvistió completo; le quedó
puesto el sombrero y las alpargatas. Le sacó el pullover, la camisa, la
camiseta, los pantalones y los calzoncillos, todo quedó enrollado en el
eje. Menos mal que cuando lo quiso levantar, se agarró fuerte y ya la máquina
fue parando; pero lo desvistió. Se tapaba y se reía. "Andá a
decirle a tu madre que me mande un par de pantalones y calzoncillo"
le decía al hijo, a Pedrito.
Primero nos reíamos, pero después nos asustamos mucho.
¿Cuál ha sido uno de los campos donde más ha trabajado?
= Cuando empecé a trabajar con las máquinas en el '53 entré en la
estancia La Lyda y hasta que se vendió la última parte, que no hace
mucho que se separaron y que le vendió el campo a Hathor, estuvimos
trabajando. Trabajé como 50 años ahí adentro, así que conocía todo el
movimiento.
¿Hasta cuando estuvo en esta actividad?
= Hasta hace dos años y medio o tres, trabajabamos como tractoristas
rurales, en Villa Valeria, hacíamos los trabajos y lo cosechába-mos
también.
Desde sus comienzos a la actualidad las máquinas tuvieron un
gran avance ¿no?
= Subir a las máquinas de ahora es un lujo. Por eso es que ahora se
achica la mano de obra. Con las tres maquinitas que teníamos nosotros íbamos
trece personas, ahora una máquina sola hace el trabajo de lo que nosotros
hacíamos en cinco días; y va el maquinista y el tractorista.
Además, al haber muchas máquinas, antes las fábricas tenían
mucho trabajo con el tema de los repuestos, después empezó a venir lo
importado y tuvieron que cerrar. Por otro lado, chacras casi que no quedan
más. No quedó nada, por eso se ha achicado mucho la mano de obra.
Será que uno es medio sentimental, pero a veces no quiero salir por
el campo. Tengo 75 años y a las chacras las conocí de pibe y con este
trabajo. Y ahora son todas taperas; y yo cuando veo eso me agarra una
amargura... Ahora se ven las plantas de las taperas, te da pena.
Además de trabajar en las máquinas, también se ha dedicado al
fútbol...
= Si. En el '53, '54 , '55 y '56 en Belgrano teníamos un cuadro muy
bueno. Tres años seguidos salimos campeones de zona, pero nunca pudimos
mojar el campeonato de la Liga, porque nos desbandábamos todos cuando
llegaba el tiempo de la cosecha y nos íbamos a las máquinas.