N° 39 - 15/10/02
GOLPE A GOLPE
José
Tombolini nos describe el duro trabajo del herrero de otros tiempos.
|
 |
|

|
- Sólo basta correr
el telón imaginario para encontramos parados en medio del siglo XX
con escenarios naturales como chacras y quintas pobladas de colonos
que siempre necesitaban una herramienta para trabajar la tierra o un
vehículo con que trasladarse o mover su producción. Es el tiempo en
que proliferaban los arados y los carros, chatas o sulkis tirados por
caballos y en el que José Tombolini trabajaba el hierro y la madera
para repararlos o armarlos.
Hasta hace unos pocos años todavía podía verse algún que otro
sulki, rezagado en el tiempo, frente a su galpón de la esquina de
Mitre y Misiones esperando su restauración. Hoy, ante la escasez de
población rural y la instalación definitiva de otra realidad tecnológica
es una rareza encontrar por algún camino de campo o en una chacra
artefactos de este tipo.
Pero José, que ha sido herrero toda su vida, aún conserva la
experiencia ganada a golpe de maza contra el hierro caliente y continúa
rodeado de las herramientas que le sirvieron para ganarse el sustento
propio y el de sus hermanos. Allí, en la vieja herrería, están la
fragua, la bigornia, la piedra esmeril, la cizalla, la soldadora autógena,
la morsa, la maza y tanta otras más. Allí también está su vida que
en esta oportunidad recorremos.
Cuéntenos sobre sus primeros años, su edad, donde nació...
=Ahora tengo 85 años cumplidos. Nací en Alcorta, de ahí nos fuimos
a un boliche de campo en Villa Cañás, La Encadenada, y después de
un tiempo a otro lugar que estaba de Wheelwright como 6 o 7 leguas
para el lado de Alcorta. Siempre trabajábamos de herreros.
¿Su papá era herrero y Ud. fue aprendiendo de él?
=Si, yo aprendí de él. Era italiano y vino sabiendo el trabajo de
Italia. Trabajaba en la reparación de las atadoras, las máquinas que
cortaban el trigo y hacían los fardos. El viejo iba al campo a
repararlas, por eso estaba poco acá. En el tiempo de la cosecha había
trabajo en la herrería y mi papá salía al campo, lo buscaban todos
porque era bueno para eso, el siempre salía especialmente en tiempo
de cosecha.
Murió joven, a los 51 años y mi mamá a los 90. Nosotros somos 8
hermanos, yo soy el mayor.
¿Y Ud. debió hacerse cargo de la familia?
=Si, porque yo quedé solo con mi mamá, después los otros se
casaron...
¿Cuando vinieron a vivir a Santa Isabel?
=Cuando vine acá tenía 20 años, en 1937, que fue cuando me tenía
que tocar el servicio militar. Me llevó el viejo a Rosario; yo me crié
en el campo y me acompañó mi viejo, estuvimos 5 días y después me
largaron.
¿A esta casa y el galpón lo hicieron hacer Uds. o ya
estaba cuando vinieron?
=En este barrio no había nada, la gente pasaba por arriba de este
solar. Pusimos un albañil y le compramos los ladrillos a Cucco.
Apenas estuvo terminado empezamos a trabajar en la herrería. Al poco
tiempo falleció papá.
¿En que se especializaban?
=En herramientas de campo, sulkys, chatas, carros... esos carros de 3
metros, con rueda de madera.
¿Ustedes hacían las ruedas?
=Las armábamos nosotros, hacíamos la parte de carpintería y herrería.
A los rayos de los sulkis a veces lo hacíamos nosotros o si no los
comprábamos. Mi viejo se iba a Rosario, compraba los rayos y también
madera y después el transporte de Pellegrini se la traía; en la
vereda siempre había una pila grande de maderas, nunca faltaban. A la
parte de alrededor de la rueda de los sulkis, la parte redonda, también
la comprábamos, venía con la forma en dos partes. Pero a las ruedas
de las chatas las hacíamos acá, eran varias partes cortas de madera
que armábamos con los rayos y después había que engancharlas con la
llanta.
¿Cómo hacían para ponerles la llanta?
=Las de sulki eran fácil poner, pero las de carro muy difícil. Una
vez que la parte de madera estaba armada hacíamos el suncho de hierro
a medida de la rueda, había un aparato que le daba la forma. El
suncho o la llanta no entraba en la rueda entonces la calentábamos
para que al dilatarse la pudiéramos poner. A la rueda la teníamos
armada en el suelo, entonces le colocábamos el suncho caliente a
golpes y enseguida lo enfriábamos para que no quemara la madera. Al
enfriarse se achicaba y apretaba la madera y ya no se desarmaba más.
Tenían herramientas de carpintería...
=Había sierra circular, cepilladora, tupí.... todo. A la sierra la
tuve que vender cuando estaba enferma mi mamá.
¿También herraban caballos?
=También. Nosotros hacíamos las herraduras y había una persona que
venía a ponérselas a los caballos. Trabajábamos el hierro, le dábamos
la forma, las hacíamos y él las ponía. Porque las herraduras no son
todas iguales, según las patas de los caballos es el tamaño y la
forma.
¿Han tenido mucho trabajo?
=No dábamos abasto. Había un galpón lleno de chatas y sulkis, todos
para arreglar. Era el tiempo en que se trabajaba mucho con los carros
en la cosecha.
En los años en que había sequía, las rejas daban mucho trabajo. Había
que levantarse y empezar a la 5 , meta y ponga hasta las doce, y a la
tarde también; en verano más trabajo todavía. Nosotros afilábamos
las rejas de los arados, y después apareció el sementado, se les ponía
un acero especial que las hacía durar más. Había que sementarlas y
pasarles la piedra, era mucho.
Tenía unos cuantos clientes buenos que siempre me traían estos
trabajos.
¿Qué otros trabajos hacía?
=Tenía la máquina de hacer tejidos de alambre, tejidos chancheros o
para las quintas. Cuando estábamos en La Encadenada vendíamos mucho,
traíamos acá para vender.
También arreglaba cocinas a leña, hacía de todo.
¿Trabajaba Ud. solo o le ayudaban?
=Cuando quedé solo, una persona me venía a ayudar y también estaba
mi hermano Roberto, que ya falleció. El después entró a trabajar en
la estancia La Lyda y estuvo 20 años ahí, me traía algunos
trabajos. Desde esa época que trabajé solo.
Aquí hay herramientas que tienen muchos años, por ejemplo
la fragua. Háblenos de ella.
=Hará unos cuarenta años, más o menos, que vino mi cuñado y le
instaló el motor eléctrico, antes le dábamos aire a mano, tenía un
fuelle. Un día vino un viajante conocido, y me dijo "te mando
una fragua y una piedra esmeril, que yo se que vos me la vas a
pagar"; y se la pagué de a poco.
¿Cómo se suelda con la fragua ?
=Para prenderla se hace fuego sobre el carbón de piedra y después se
le da aire para que prenda, cuando el carbón de piedra agarró ya se
pueden poner los fierros para que se calienten y poder trabajarlos.
Poníamos entre medio de los fierros un pedacito de una tela especial
que venía, después le poníamos un remache y lo calentábamos y
cuando estaba al rojo le dábamos golpes con la masa hasta que se
soldaba.
La bigornia también tiene su historia...
= Si, tiene muchos años, la compré yo en Rosario, pesa 80 kilos y le
falta un pedazo, despacito, despacito, de tanto golpear se le salió.
Yo usaba más la parte redondeada para darle forma a los sunchos de
las ruedas de los carros.
¿Qué herrerías había en Santa Isabel?
=Estaban los Pennacchietti y también Bogliani.
¿Recuerda alguna anécdota de este lugar?
=Acá adentro, en la herrería, hicimos bailes. Los fines de semana
sacábamos las cosas, hacíamos lugar, limpiábamos y después ya podíamos
hacer los bailes. Comíamos algún asado, algún cordero... Venían
amigos, parientes y unas cuantas chicas. Poníamos una victrola o a
veces venían los Carpi a tocar, y así nos divertíamos.
¿Hasta cuando trabajó en la herrería?
=Y... hasta hace uno dos o tres años. Aunque ahora tampoco hay
trabajo del que yo hacía. A los sulkis que hay le ponen las ruedas de
gomas y arados ya no se usan tanto.
Algunos trabajos chicos hago, chucherías. Ahora soy jubilado.
¿Le ha dado ganancias este oficio?
=Si, casi siempre se ha ganado bien.
¿Siempre cobró los trabajos?
=Je, Je. Alguno han quedados perdidos, pero clavos grandes nunca he
tenido.
|