Nº 72 - 12/10/06
ENFERMERA A DOMICILIO
Charla con Mabel País de Costas.
Iniciamos con esta, una serie de charlas con
distintas enfermeras de nuestra localidad con la intención de ingresar a
un mundo tan ignorado como poco reconocido, el de la asistencia a los
enfermos. Mabel País de Costas, que lleva más de 60 años asistiendo a la
gente con su profesión, nos cuenta sus experiencias.
¿Cómo ingresa Usted a este trabajo de enfermera?
= Yo trabajé tres años en el hospital de Santa Isabel. Cuando entré era
muy chiquita, entré de cocinera. Estaba de gerente Don Carlos Dagostino,
que también era maestro. Como sufría de diabetes iba a eso de las 12 a
colocarse insulina y además a comer. A veces las chicas estaban ocupadas
y el me decía “aprendé, que el saber nunca ocupa lugar". Siempre me
acuerdo de él por lo bien que me vinieron sus palabras, porque aprendí.
Las enfermeras me fueron enseñando y yo, como me gustaba, iba
aprendiendo.
En una oportunidad, todavía estando en la cocina, hubo una operación en
la que debieron cortarle una pierna a un señor de Villa Cañás, que a eso
lo hizo el Dr. Caldani. Un amigo de él vino a presenciar la operación y
a la vez le tenía la pierna mientras que el Dr. se la cortaba. Pero en
un momento dado no aguantó y se descompuso. Entonces me llamaron a mi y
el Dr. me dice, "agarrá esa pierna". Y cuando quedó en mis manos le
pregunté que hacía con la pierna y me dijo que la llevara a la morgue.
Pero yo, como era tan jovencita y amiga de la cocinera, que era Velia
Alori, fui y le dije, mostrándosela, "¿No la querés hacera en puchero?"
Sabés que se descompuso ella también... Por un pelo no me echaron. Decí
que Dagostino les dijo a los de la comisión que yo iba a ser una buena
enfermera porque había trabajado bien y sin descomponerme como los
otros.
¿Por qué empezó a trabajar tan joven?
= Hice hasta tercer grado porque papá me sacó de la escuela porque no
había plata para comer. Ponele que tendría 12 o 13 años cuando pasó
esto. Con decirte que me ponían un cajoncito para que llegara a la
pileta para poder lavar los platos.
¿Cuando dejó el hospital, adonde fue a trabajar?
= Estuve tres años en Quilmes, en un consultorio de un médico que
también era médico del hospital Rawson y de la cervecería Quilmes. La
mayor parte del día me quedaba en el consultorio, le atendía la gente,
le limpiaba el consultorio, si había que poner alguna inyección la
ponía... Ahí también estuve tres años y cuando volví, tendría 19 o 20
años, me dediqué a trabajar de enfermera en forma independiente. Ya
sabía colocar suero, sabía hacer nebulizaciones, poner inyecciones en la
nalga o en las venas... Durante mucho tiempo extraje sangre para el Dr.
Feijoo de Villa Cañás, para hacer análisis. El me mandaba los remedios
para poner la sangre según los análisis que tenía que hacer y se los
enviaba en el colectivo.
Es un trabajo que le permitió entrar a muchas casas del pueblo...
= Jamás fui capaz de mirar raza ni colores, si tenían o no plata. Donde
me llamaran, llueva o truene, a las 2 o las 3 de la mañana, siempre iba.
Y nunca me fijé de alguno que no haya podido pagarme. Siempre me gustó
el trabajo, y como me gustó hice cualquier cosa, no solo poner
inyecciones o sueros, sino atender a la gente en distintos problemas,
haciendo cosas que pocos se animarían a hacer.
¿Le han quedado muchos trabajos sin cobrar?
= Y... Cuántos no me han pagado. Yo diría que la mayoría era porque no
tenían para hacerlo pero, cómo me iba a negar.
Este es un trabajo que tiene que hacerse a cualquier hora. ¿Cómo ha
influido en Usted?
= Heee! querido! Y en otras épocas en que pasando la vía no había
pavimento. Nada, igual que para el lado del cementerio. Donde era el
conventillo, era todo tierra. Llegaba a mi casa con la bicicleta a la
rastra por el barro que tenía. Yo iba al campo, con unos fríos!, en
sulki, en moto me han llevado! La vida que yo hice no la sabe nadie. Y
hay que hacerlo a cualquier hora, por eso ahora tomo pastillas para
dormir, el médico me dijo que eso es por las interrupciones de sueño que
he tenido.
Además ha tenido que asistir a mucha gente en el momento de su
muerte...
= Te da mucha pena pero a la vez pensás que los años a vos se te van y
que vas por el mismo camino, entonces por ahí encontrás la resignación.
Solo te queda decir bueno, se fue, dejó de sufrir y que Dios lo tenga en
la gloria.
He tenido que estar a la par de tantos! Yo ya veía que en cualquier
momento iban a morir y me decía, "si tanto hice, puedo hacer un poco
más", no me volvía a mi casa. Y los cambiaba también.
También trabajé con "Chon" Cucco en la cochería y después con Adrián
País. Eran trabajos que hacía cuando había algún accidente y había que
acomodar los cuerpos. Y cuando terminaba de hacer el trabajo me sentía
como liberada.
¿Como se colocaban las inyecciones antes de que aparecieran las
jeringas descartables?
= Había que tener disciplina, se lavaban bien las jeringas y las agujas,
se hervían y se tapaban en la caja de metal. Por más que las hirvieras
dos por tres había abscesos. Ahora, con las descartables no, hace añares
que no hay problemas. Además, a las agujas cada tanto había cambiarlas
porque se despuntaban.
¿Alguna vez tuvo problemas al colocar alguna?
= No, nunca erré en la cantidad. Al contrario, yo siempre fui muy
cuidadosa. Además si el médico lo recetó vos ya estás libre de todo. Lo
triste es ponerlas por cuenta de uno.
Siempre le ponía inyecciones a una hombre asmático. Una vez fue de un
médico a Venado Tuerto y yo le puse lo que le habían recetado. Como las
dos primeras veces me había comentado que se había sentido mal fui hasta
la casa a ponerle la inyección. Y, hay, le hizo una reacción alérgica y
se moría. Y me decía, "vos me mataste Mabel, vos me cambiaste la
inyección y me mataste!!" Yo lloraba tanto en el consultorio del Dr.
Araujo... "No te hagas problemas Mabel, lo que pasa es que es muy
alérgico y no se la va a poner más", me dijo. A él le puso una pastilla
debajo de la lengua y yo juré que nunca más le iba a poner una
inyección. Después me pidió disculpas, lo que pasa es que estaba
desesperado.
¿Qué le ha dejado este trabajo?
= Te digo la verdad, hoy a mi edad, 77 años, me siento más que realizada
porque tengo mi casa que la he levantado con mi trabajo. Todavía salgo a
trabajar pero estoy muy triste de tener que dejar este mundo porque me
gusta mucho lo que hago. Yo no conozco nada, no he salido del pueblo de
vacaciones, a no ser cuando mi hija se fue a Misiones.
La gente sigue viniendo aunque el trabajo de la enfermera a domicilio ya
se terminó. A mi me gustó ser independiente porque ganaba más. Un día
llegué a poner 70 inyecciones.
Y así se me fue la vida. A mi me encantaba hacer el trabajo. Y lo hice
con cariño, he tenido señores a los que le daba de comer, los cambiaba y
todo, y la familia se iba y me dejaba la llave de la casa, que para mi
ha sido una gran responsabilidad.
No se va a tomar un descanso?
= Mirá pibe, ver, veo bien, la gente dice que tengo una buena mano. Así
que el día que no pueda más, que no pueda andar con mis piernas, que yo
vea que en realidad no puedo, ahí si dejaré de trabajar. Acá siguen
viniendo muchos clientes, por ahora sigo.