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EL NEGADO DERECHO DE SER PADRE
Hace algo mas de tres años, planteé en las páginas
de el diario El Informe de Venado Tuerto una triste
situación por la que estaba transitando, y que
lamentablemente con el paso del tiempo, lejos de
mejorarse, se agravó. En aquel momento planteaba que
había perdido el paradero de mis hijos que están con su
mamá, luego de romperse el vínculo marital.
Hoy sé que mis hijos están en algún lugar de Buenos
Aires, pero ejercer mi derecho de padre es una tarea
casi titánica, porque quienes están con los chicos se
dedican a impedir que los vea o siquiera hable. Habíamos
acordado con mi ex esposa que para el verano los iba a
traer a Santa Isabel, donde vivo, a pasar unos días
conmigo. Habíamos planificado con mucha ilusión nuestras
vacaciones, pero hoy nuevamente me encuentro cercado de
amenazas y de insultos para que no me acerque al hogar
donde ellos están creciendo, lejos mío, sin que yo pueda
saber cómo están, cuales son sus necesidades, sus
tristezas y sus alegrías.
La mamá no acepta que le pase una cuota
alimentaria, pero tampoco me deja acercarme y hoy, con
mucha tristeza, puedo decir que en esta historia hay
tres personas que son privadas de sus derechos, yo de
ser padre y mis dos hijos de poder estar personalmente
conmigo.
Me separé hace casi seis años y, aunque busqué
ayuda en la justicia, sólo encuentro una maraña
burocrática y una mirada al costado de los magistrados,
que dicen que "nada se puede hacer". En los tribunales
locales me escuchan y aceptan que es un tema de total
gravedad, pero me dicen que nada pueden hacer, que vaya
a hacer los planteos a Buenos Aires, lugar adonde he
viajado un montón de veces, gastando dinero que casi no
poseo y cada vez me vuelvo con las manos vacías y el
alma llena impotencia.
Hoy creo que no hay legislación familiar que me
proteja, que me permita mantener un sano vínculo con mis
hijos, no quiero que dejen a su mamá, no quiero
alejarlos de su casa ni de su escuela. Quiero que me
permitan ser el papa de Karen y de Ezequiel, que me
dejen compartir con tranquilidad una comunicación
telefónica, un día o unas horas, cerca de su casa o
donde sea.
Pero la burocracia judicial parece no interesarse
en estos temas y, viviendo yo en territorio santafesino,
no hay juez que quiera hacerse cargo de la causa, no hay
juez que defienda mis derechos de paternidad, no hay
juez que defienda los derechos humanos de mis hijos de
poder estar en contacto con su padre biológico y legal.
No hay justicia que nos proteja.
Y yo que soporté los desprecios, los insultos, las
amenazas, los golpes, la violencia constante, no quiero
ser parte de esa propuesta, no quiero que ese sea el
ejemplo que forme en valores a mis hijos. Como
seguramente le sucede a tantos padres y madres, solo
quiero que me dejen estar con mis niños, quiero creer en
la justicia.
Ricardo Torres
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