22/02/10
AL FORJADOR DE UNA INDUSTRIA Si
hacemos un poco de historia, concluimos que Santa Isabel
fue, desde sus orígenes, una colonia que se estableció y
fue creciendo económicamente alrededor de una economía
agrícola-ganadera. Obviamente también se desarrollaron
una serie de comercios y servicios indispensables a toda
comunidad relativamente bien constituida, pero la
mayoría de la población laboralmente activa, trabajaba
como peón de campo ó en alguna otra actividad
íntimamente ligada a éste.
En la época del desarrollismo se vivió en nuestro pueblo una especie de
revolución productiva, siendo entonces el momento de la
aparición de emprendedores que, haciendo gala de un
espíritu visionario y de ansias de progreso, decidieron
hacer “inversiones de riesgo” ó, para entenderlo mejor,
se jugaron fundando diversas empresas que fueron
cambiando la estructura productiva de nuestro pueblo.
Bien se decía que Santa Isabel era un pueblo muy
industrializado y pujante; se establecieron el
“Peladero”, empresas ligadas a la rectificación de
motores, la fábrica que procesaba lácteos, se afincó una
importante industria molinera, aparecieron mas tarde los
talleres textiles y, desde siempre existieron muchos
talleres metalúrgicos, etc., pero el grueso de la fuerza
laboral se seguía concentrando en el campo, viviendo al
ritmo marcado por siembras y cosechas.
Promediando la década del ´70, aconteció otro movimiento que marcó
definitivamente la esencia de nuestra localidad. Corrido
de la gran ciudad se afincó en Santa Isabel, en las
instalaciones del ya nombrado “Peladero”, el
“Frigorífico Fernarolo”. Esta empresa que había quedado
atrapada en el medio del barrio de Mataderos, ya no
podía desarrollar más su trabajo en la Capital y,
buscando un sitio cercano a la cuenca de producción de
cerdos, decidió reciclar las viejas instalaciones
situadas en aquel momento “bien a la salida de nuestro
pueblo”. Se originó entonces una gran transformación
económica y social de Santa Isabel ya que, comenzó el
movimiento de los engranajes productivos que solo una
industria importante puede generar.
Debido a esta nueva realidad comenzaron a llegar desde la ciudad los
obreros que ya trabajaban en éste rubro y se hizo
necesario también incorporar más mano de obra,
proveniente en principio de nuestra localidad y luego
desde otros lugares. La mentalidad pastoril de los
trabajadores rurales, con menos apuros y mucho trabajo
al aire libre, tuvo que ser cambiada lentamente a lo que
requería la industria: horarios fijos, trabajos
rutinarios, tareas específicas, trabajo de la mujer,
etc. Todo esto fue originando un cambio cultural en
nuestro pueblo, hasta llegar hasta lo que estamos
viviendo en el presente.
Tomando esto como introducción me interesa rescatar la figura de una gran
persona, muy conocida en nuestro ambiente frigorífico,
pero tal vez ignorada por gran parte de los habitantes
de Santa Isabel. Estoy hablando de Daniel Herrera, quien
nos dejara no hace mucho, con la misma humildad que
desarrolló en su vida. Conocido como “Daniel” por los
responsables de Fernarolo, era “Don Herrera” para los
que lo tratamos con respeto o el “Viejo Herrera” o
simplemente el “Viejo” para los que estaban bajo la
supervisión de él en el sector Despostadero. Dueño de
una gran personalidad, sabía como tratar a la gente; era
uno de los supervisores mas respetados no por abuso de
autoridad, sino por reconocimiento de dicha autoridad.
Don Herrera fue el supervisor que tuvo a su cargo la
docencia en éste difícil arte del manejo de la carne.
Contaba a veces que tuvo su formación en el “Frigorífico
Anglo” de Buenos Aires, por lo que traía la impecable
forma de trabajar de los ingleses. Tuvo bajo su control
el sector mas exigido en el manejo de la carne, que es
el sitio donde se desposta el animal y se lo troza según
los cortes que tienen mas salida comercial. Fue el
“maestro” de todos los obreros que se especializaron
bajo su tutela en el manejo del cuchillo y también fue
quien inculcaba a sus subordinados las mejores formas de
trabajo y en especial el respeto al superior y al
compañero. Capaz de optimizar el trabajo de desposte con
su sola presencia, impartiendo sólo las órdenes
necesarias para el desarrollo de la labor y controlando
con responsabilidad el resultado de la misma. Nunca oí
decir que le haya levantado la voz a la gente ni que le
haya faltado el respeto a alguien; los retos que solía
dar se hacían de persona a persona y en la intimidad de
su oficina. Muchos de los que tuvimos personal a cargo
envidiamos su forma de manejar las gentes y las
situaciones.
De su vida personal pocos saben algo, salvo que vivió toda su vida en el
Hotel, de donde lo buscaban y lo traían con la chata del
frigorífico. Muy respetuoso en su trato, era pícaro y le
gustaba conocer algunos chismes, tenía un fino sentido
del humor que nunca incomodaba a su interlocutor. En el
ocaso de su vida encontró una pareja con la que
compartió todos sus momentos. Una diabetes creciente fue
minando su salud disminuyéndole físicamente la
posibilidad de impartir sus enormes conocimientos. Fue
perdiendo la vista y teniendo cada vez más problemas
para calzar las botas de goma, lo que lo alejó de su
participación activa e importantísima en los sectores de
producción.
Luego del desastre económico del 2001 y ya en la etapa COTRASI del
frigorífico asesoró durante un tiempo a los responsables
de la nueva empresa pero, desgraciadamente para la
industria frigorífica local, su salud fue desmejorando
impidiendo a las nuevas generaciones contar con esa
fuente viviente de consulta basada en el estudio, la
experiencia y la responsabilidad.
Don Herrera desapareció como vivió, sin quejas, tratando de ayudar aún en
su doloroso final, habiendo sido un pilar fundamental en
el establecimiento y crecimiento de la importante
industria frigorífica de nuestro pueblo. Vaya entonces
éste reconocimiento de alguien que reconoce su valía y
trata, al menos después de su desaparición, que se
conozca su obra y su dedicación. Chau Viejo, creo que ya
hiciste lo tuyo, falta que ahora, donde sea que estés,
continúes haciendo fuerzas por que “el Frigo” siga
siendo el ámbito de trabajo mas importante de nuestro
pueblo.
Seve
(Nota de la Dirección: Daniel Herrera falleció el 28
de diciembre de 2009 a la edad de 74 años)
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