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Nº 6 - 15/08/99
POR SIEMPRE CHELA
¿Quién no
compró algo en su quiosco? ¿Quién en Santa Isabel puede decir que no la
conoce?
Tocó timbre y esperó
un rato. Bastante para ese día de frío y viento sur. Cuando estaba por
tocar nuevamente, se abrió, tras ser liberada de la maderita que oficia
de traba, la pequeña ventana corrediza poblada de calcomanías . El pibe,
de unos 7 años, la vio y pidió:
-- Hola Chela , ¿me da bolitas? De cuales hay?
-- Y, están las comunes que valen cinco centavos, y las otras, las
lecheras y las brillositas. -- Dijo exhibiendo lo pedido.
-- Bueno déme de las lecheras, esa... esa blanquita que está ahí y...
lo que sobra de las otras, las japonesas.
-- Bueno, aquí están. Muy bien, chau.
El pibe, que no se había bajado de la bicicleta dejó sus monedas y se
fue con lo suyo. El viento sur de julio entraba furioso por la ventanita
que permaneció abierta enmarcando el rostro de Chela que esperaba el
pedido de otro cliente recién llegado.
-- Cigarrillos, Chela...
Esta escena es una de las tantas que a diario se dan en la esquina de 25
de Mayo y Belgrano, en el quiosco de Chela. Y allí, en la trastienda,
lugar al que pocos acceden y, con la interrupción constante del timbre,
compartimos más de una hora de charla con quién, como al chico de las
bolitas, tantas veces nos atendió con su rostro recortado en la ventana.
Se trata de Alcira Pascua Amanda Gavio de Gobbi. Chela, para los amigos.
Cuentenos un poco su historia.¿En que lugar nació?
= Yo nací acá, en el campo, en la quinta al lado de Kovacevic. Después
nos vinimos a vivir al pueblo cuando murió mi abuelo. Era la casa que
ahora es de Palumbo (Belgrano al 900). Mi papá iba todos los días al
campo.
Después me casé y fuimos a la Cooperativa (Unión y Fuerza). Había
casa de familia y ahí vivimos 13 años y nacieron los dos bebés. Cuando
Nito (su esposo) empezó con la fábrica (de productos lácteos
“Prolacon”) nos vinimos a esta casa que la hicieron el padre y el
tío de él. Esto fue hecho para el Correo que en un tiempo funcionó acá.
¿Por qué le dicen Chela?
= Y... de chiquita, no se. Yo creo que es porque en ese tiempo había un
talco marca “Chela”. Para mi es el origen de eso.
¿Cuando comenzó con el kiosco?
= Fue el 31 de diciembre de 1965. Empezamos vendiendo cuatro cositas, pero
la gente nos pedía cohetes. Entonces Alberto (su hijo mayor) corría
a buscar de Dall’Ochio que nos hacía un pequeño descuento. Y vendimos
todo el día. Teníamos algunos caramelos, cigarrillos le comprábamos
también a Dall’Ochio. Lo que nos costó pescar al cigarrero! Para
nosotros que recién empezábamos, ese día hicimos una gran venta. Muchos
cohetes.
Empezamos con esto porque los chicos en las vacaciones andaban en la
calle, vagabundeaban. Iban, venían. Entonces a estos chicos había que
sacarlos de la calle. Vamos a poner un quiosco, dijo Nito. Y así surgió.
¡Los primeros días estaban con un entusiasmo para trabajar! Pero duró
poco eso...
¿Este fue el primer quiosco del pueblo?
Chela: Este fue el primer quiosco. Se llamaba “Los Pibes”, porque eran
los pibes los que estaban. Ahora es quiosco “Chela”.
¿Alguna vez atendió por la puerta de la esquina?
= Teníamos un lugarcito ahí y los chicos se sentaban a comer y tomar
algo. Escuchaban música, teníamos un tocadiscos. Y me acuerdo que uno de
ellos trajo un “Wincofón”. ¡Ah!, eso era ya de mayor categoría.
¿Ponían mesas?
= Había unas mesitas en la esquina. Hasta comida hacía yo!. Si, había
clientes que venían a comer. Hacía pizzas, panchos y milanesas, que era
lo que siempre había porque te sacaban de apuros.
Después Nito empezó a trabajar en Villa Cañás y era mucho trabajo para
mi sola . Así que cerramos la esquina y solamente atendíamos por la
ventanilla.
También lo hicimos por seguridad, porque no podía estar en los dos
lados, entonces para evitar problemas, cerramos y desde ese entonces
siempre quedó el quiosco solamente.
¿En todo este tiempo conoció mucha gente?
= Son 34 años. Los he visto chicos y ahora grandes y con los hijos. Son
generaciones. Te imaginás, los que empezaron a venir, que tenían 8 años,
ahora tienen más de 40.
¿Y Usted no está cansada de tanto tiempo en esto?
= Hay días que no, aunque empiezan a venir por pavadas, y entonces...
Acá es todo el día así. (refiriéndose al timbre que suena por enésima
vez). Aunque sea por 5 centavos te llaman. A veces llaman para
preguntarme la hora o para pedirme agua. Un día una me llamó para pedir
fuego. No sabés como me puso de violenta. Yo estaba barriendo el patio,
vengo y me dice: ¿Me da fuego?
Si yo estoy en la ventanilla no tengo ningún problema. ¡Como llamar para
pedir la hora, si cualquiera que pasa tiene reloj!
A veces me pongo a pensar que Nito se enojaba porque decía que yo
trabajaba mucho. Porque claro, cuando no estoy en la ventanilla estoy
haciendo las cosas de la casa. Y él me decía: Me canso de verte
trabajar.
Siempre tiene abierto hasta tarde.¿Por qué?¿A qué hora
cierra?
= Esta noche, viernes, hasta las 4 de la mañana. Me quedo porque hay
gente. Anda gente y yo hago la mía. Me quedo, los acompaño, hago
cosas...Me dicen: ¿Vos no te cansás? ¿No te aburrís?
¿Aburrirme yo? Cuando tengo mucha gente me quedan cosas por hacer.
¿Y los sábados también?
= Los sábados a la noche es menos que los viernes. Depende de lo que
haya. Si hay algo en el pueblo hay más movimiento, pero sino los
muchachos se van afuera.
¿Qué es lo que más se vende?
= En la noche lo que más se vende son chicles, cigarrillos y...
Preservativos
= También. Ahora lo piden con toda naturalidad. Antes tal vez no. Como ya
soy vieja no tienen tanta vergüenza.
Antes preguntaban por mi marido para pedírselos. Yo me imaginaba lo que
querían pero no le preguntaba porque a lo mejor no era eso. Pero ahora
no, hasta los pibes chiquitos los piden. Como cuando se hizo esa campaña
grande del Sida. Para mi los compraban por curiosidad.
¿Mercaderías de almacén tiene?
= Como para salir del apuro tengo , pero no todo.
¿Figuritas se venden todavía?
= Las que se vendían mucho en otras épocas eran las del fútbol. Venían
figuritas para nenas también, pero no tuvieron mucho éxito; las nenas no
son de figuritas. Ahora hay figuritas autoadhesivas. Pero no se vende lo
que se vendía antes...
Esta, por ejemplo, es la época de las bolitas. Todos los años es así, y
juegan las nenas también.
¿Como es su relación con los clientes?
= A veces se ponen a charlar. Uh!, cuantas historias. Acá se conoce todo,
porque te cuentan, te cuentan y te cuentan. Estás enterada de todo lo que
pasa. Porque la gente necesita comentar sus problemas con alguien.
¿Recuerda anécdotas de su trabajo?
Chela: Acá, anécdotas hay tantas que uno no puede recordar...A un chico,
que ahora es padre ya, lo tenía anotado en unos cartoncitos con lo que me
debía. No se lo que me pidió que fuí a buscarlo a otro lado, cuando
volví se había borrado del cartón. Mirá la picardía. Cómo ese chico
se las ingenió para no deberme nada!
¿Alguna vez le robaron?¿Los descubrió?
= Si. Una vez, estaba oscuro y me sacaron un frasco grande que tenía con
chocolates como muestra. Fuí a sacar alfajores, apenas un poco más de un
metro. Sentí un ruidito, miré y me di cuenta que me faltaba. Pero estaba
oscuro, era una noche con la luz cortada afuera, Y yo le dije al pibe: vos
me tenés que decir quién fué porque sino hago la denuncia y los culpo a
ustedes. De esa forma a la media hora apareció con el frasco pero habían
comido bastante, no le quedaba casi nada.
¿Porque hizo poner rejas frente a la ventana?
= Porque me asaltaron. Ahora tengo la alarma, la policía cerca, el teléfono
…
Fue hace algunos años. Era viernes y un chico me tocó timbre y quería
gaseosa. Tenía monedas y no le alcanzaba, entonces consultó con los
otros que estaban a un costado y que no alcancé a ver. Fuí a buscar la
chocolatada que me pidió y sentí un ruido. Pensé que era un gato y me
volví. Y ahí estaba el chico, de unos 14 años apuntándome con un revólver.
Se había bajado sobre la cara una gorrita que tenía. El chico me miraba
y me apuntaba...para jugar no era. Entonces empecé a gritar y a decirle
que se fuera. Me seguía apuntando y yo le gritaba lo que me salía y
empecé a llamar a la policía. Parece que se asustó , me pegó un empujón
y salió por la puerta que tenía la llave puesta.
Cuando me levanté, salí, me fuí hasta la puerta y le grité de todo. Fuí
al teléfono y llamé a la policía. El que estaba en la comisaría llamó
a los que hacían la recorrida y vinieron enseguida. Al otro día hice la
denuncia formal y los llevaron a Venado, al juzgado de menores, a ese
chico y a los otros dos que estaban con él.
Siempre tuvo perros ¿no?
= Tuve tantos perros en mi vida... Tengo ahora cinco perras. Es mejor
tener todos del mismo sexo así no hay problemas. Cuidándolas y no dejándolas
salir no hay problemas.
Gatos no tengo ahora, antes si. Gatos y perros es medio difícil tener
porque por ahí... hay malos entendidos y vienen los problemas.
El timbre interrumpió la charla. No era esa la primera vez. La noche del
viernes venía avanzando y los clientes comenzaban a ser más. Y allí
estaba Chela, como siempre, llegando hasta la ventanilla de su quiosco,
enrejado como un calabozo desde hace unos años para desalentar ladrones.
Siempre Chela. Atendiendo todos los pedidos: Chela, dame cigarrillos; ¿Chela
tiene cambio de 10?... Chela, ¿tiene tarjetas del día del amigo?...
Chela, dame dos chicles... caramelos, Chela...
Allí continúa Chela siendo parte ineludible de la niñez de nuestro
pueblo.
Tal vez sin proponérselo, en estos últimos 34 años nos ha visto niños
a todos los que lo fuimos en ese lapso. Hasta su esquina hemos llegado en
brazos de nuestras madres llorando por el chupete perdido; con algunos
centavos a comprar caramelos, figuritas o chocolates. Más tarde en la
adolescencia incipiente a buscar, algunos, el primer cigarrillo o algo que
nos dio vergüenza mencionar.
Hoy llegamos de la mano del niño que queremos seguir siendo.
Y Chela... siempre está-
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