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Nº 18 - 15/08/00
LOS CARLOVICH, TODA UNA TRADICIÓN
Movidos, tal vez, por el
ánimo de conocer el pasado de uno de los comercios tradicionales de
nuestra localidad, que hace poco tiempo dejó de funcionar, o por la
curiosidad que despierta la existencia, allí, de una suerte de museo
familiar y local, nos llegamos hasta la casa de los hermanos Carlovich.
Amalia y Pocholo
(Antonio), que viven en la casa paterna junto a Ana María, nos
atendieron, café mediante, en ese lugar cargado de recuerdos e historia.
En una vitrina hay copas y trofeos y en la pared dos paletas cruzadas,
cual escudo de armas, evocando la trayectoria como pelotari de Pocholo. Se
exhiben, también, diversas pinturas creadas por Amalia en diferentes épocas.
Infinidad de objetos se entremezclan ordenadamente en toda la habitación
que da a la calle Sarmiento otorgándole una extraña y poco frecuente atmósfera.
¿Cuando y como llega la familia Carlovich a Santa Isabel?
Amalia: Mi mamá, cuando vino de Yugoslavia se radicó en Santa
Teresa, con unos tíos y papá tenía un almacén cerca de ahí, en Máximo
Paz. Los dos son oriundos de islas de las costas Dálmatas, en lo que era
Yugoslavia. En total somos cinco hermanos. Ana María, que vive con
nosotros, nació en Máximo Paz. Los demás nacimos aquí: Orlando, que
falleció, Ana, yo, Amalia y Antonio o Pocholo.
Pocholo: Cuando nuestros padres estaban en Máximo Paz, les
comentaron sobre las bondades de esta zona y de este pueblo. Así que
entonces se casaron y en 1924 se establecieron acá. Pusieron, en
Rivadavia y Gral. López, frente al molino harinero, un almacén de ramos
generales en el que había de todo, hasta tirantes, chapas, maletas para
juntar maíz, carbón... Además había dos canchas de bochas. Ahí se
juntaban los inmigrantes, yugoslavos, rusos, lituanos, armenios, polacos,
españoles, italianos... y también los que venían de las provincias del
norte. Hubo como cincuenta personas viviendo en el patio, en galpones y
corredores, cada uno con su cultura y la nostalgia por su país.
¿Después pasaron a esta esquina?
Pocholo: Si, en 1938. Nuestros viejos, con gran visión, compraron
este lugar en 1927.
Amalia: Quiere decir que en tres años pudieron juntar el dinero
para comprarlo.
Pocholo: La esquina fue alquilada antes de que viniéramos nosotros. Hubo
venta de autos, librería y, en el salón de al lado, sobre General López,
taller de autos. El último inquilino de la esquina tenía un bar y se lo
vendió a papá que después trasladó el almacén al sector donde estaba
el taller. En el año '38 teníamos bar y almacén.
Amalia: El bar, que se llamaba "Victoria" estuvo hasta el
'51, después que falleció papá. Se trasladó, entonces, la despensa a
la esquina y donde estaba quedó como depósito.
¿Recuerdan algún hecho especial?
Amalia: Las mayores anécdotas se produjeron en el bar. ¡Ahí si que había
personas y personajes! Se reunían de todas las razas. A la mañana el
copetín, el vermú con todos los ingredientes. A la tardecita a jugar, a
las cartas, al ajedrez, billar. Se sacaban mesas afuera con manteles
blancos, todo frente al negocio.
Pocholo: Venían todos. Se mezclaban no solamente razas sino estratos
sociales. Y después, a la noche venían los noctámbulos y los timberos.
Atendíamos como hasta las 3 de la mañana todos los días.
Amalia: Acá, a media cuadra, al lado de la E.P.E., estaba el cine
Gardel y la afluencia de público era bárbara. En los intervalos venían
como en oleadas a tomar los famosos "Remos", leche caliente con
vapor de la máquina, la barrita de chocolate y el paquete de vainillas.
Eso en invierno, y en el verano era increíble la cantidad de cerveza que
se vendía o los refrescos de granadina.
Pocholo: Las gaseosas aparecieron después. Estaba la "Chuncana"
que era un amargo de hierbas, la "Bidú Cola", naranja
"Biltz", la "Chinchibirra"...
Para ustedes habrá sido un golpe muy duro tener que cerrar la
despensa después de tantos años...
Pocholo: Cerramos en el '96 y no fue para nada fácil. Pero no es
responsabilidad solamente de la economía del país, porque yo tuve una
enfermedad larga y costosa, ella varias operaciones. Después cuando vino
todo este problema de la importación y la recesión, vimos que no era
redituable.
Amalia: Cuando pusimos la despensa, en el '51 era una época
floreciente, es de no creer todo lo que se vendía.
Pocholo: El salón estaba lleno de mercadería y como en el depósito
ya no teníamos más lugar, la poníamos en la cocina. Por otra parte traíamos
lo más selecto, no faltaba nada de nada, pero la gente tenía un alto
poder adquisitivo.
Te puedo asegurar que se deterioró la calidad alimenticia. El paladar
fino lo tiene todo argentino, pero no tiene capacidad económica. Por
ejemplo, antes la paleta no se conocía, solo jamón crudo, estacionado o
jamón cocido. Te puedo asegurar que la mayoría de la gente de esa época,
del '35 al '70 comía jamón.
Ni hablar de la calidad que el argentino consumía. Y ojo, toda la guita
que habían acumulado los conservadores, Perón se la volcó al pueblo y
el público tuvo oportunidad de acceder a los mejores productos. Ese estándar
de vida hasta los años '70 no se cortaba. Ya cuando sacaron a Illia, quién
para mi fue el político más honrado, cuando el país creció más que
nunca, ahí empezó la decadencia.
Además existía el concepto de que en esta despensa
siempre había productos de buena calidad...
Pocholo: Esto era consecuencia de la demanda.
Amalia: Una anécdota: En una época le preparábamos los pedidos a
unos estancieros que llevaban la mercadería a Mar del Plata o Punta del
Este. Nos hacían el pedido para le temporada de vacaciones!
¿Como ven el momento económico actual?
Amalia: Con pocas esperanzas. Antes, la pobreza era con esperanza,
porque muchísima gente humilde progresó, se compraba un terreno, se podía
hacer su casita. Pero hoy no hay perspectiva
Pocholo: Pobreza sin esperanza y sojuzgada, porque si no querés
trabajar por lo que te pagan, hay colas de gente esperando. Y si sos
viejo, chau, ya diste lo que diste.
Además del comercio, ustedes tenían otras actividades.
Amalia: A mi desde chica me gustó el dibujo. Pero en esos tiempos
no era muy accesible estudiar en otros lados, además no se estilaba. Los
primeros pasos para aprender dibujo los hice en la Biblioteca con un
pintor que venía de Teodelina. Des-ués comencé a viajar a Venado Tuerto
y quien me enseñó la técnica de dibujo fue la Sra. "Gory" de
Raies. Cuando me recibí de profesora de dibujo y pintura comencé a enseñar.
Tuve muchísimos alumnos, pero debido a la enfermedad de Pocholo dejé
esta actividad y también dejé de pintar, porque además tuve que
dedicarle mucho tiempo al negocio.
Cuando cerramos, pensaba que se me ha-bían ido todas las ideas y
conocimientos. Pero al acomodar las cosas encontré bocetos, trabajos,
elementos y entonces comencé a sentir el deseo de pintar. Y un día
comencé a pintar con temor, pero empezaron a brotarme ideas y así estoy
haciendo muchos nuevos trabajos.
Pocholo: Una de mis actividades era el deporte, la pelota a paleta.
He ganado partidos en diverso lugares de la zona como Venado Tuerto,
Arias, Sancti Spíritu, San Eduardo, Maggiolo o Santa Isabel en
confrontaciones con los mejores pelotaris del país.
En este lugar hay una gran cantidad de objetos de diversas épocas
y calidades. Una especie de museo. ¿Por qué hicieron esto?
Amalia: Nosotros somos muy sentimentales y nunca nos gustó
desprendernos de las cosas a las que le tenemos cariño. Hay algunas que
nos desprendimos y hoy añoramos. Entonces dijimos, "vamos a empezar
a armarlo", pero sin pensar que iba a ser de esta manera.
¿La gente puede pasar a ver todo esto?
Pocholo: ¡Ah, por favor!! Es un placer. Esto surgió espontáneamente.
Empezamos a limpiar este lugar y se nos ocurrió poner un cuadro, y después
otras cosas y sin querer se fue convirtiendo en esto. Y le vamos a agregar
más cosas. Por ejemplo, un banco en el que, mis padres nos contaban, los
fundadores del Club Juventud usaban cuando planeaban su creación. No lo
hicimos con la esperanza de destacarnos. La sorpresa mayor fue que la
gente que pasa, se interesa y entra.
Extraño lugar para un tiempo en que todo suele ser descartable. Un lugar
en el que podemos asomarnos al pasado. Donde encontramos carteles
publicitarios de productos, un almanaque de "Alpargatas" con
ilustración de Molina Campos, un reloj de péndulo, las bolas y el
tablero de un viejo billar, cartas de poker y españolas, un juego de
dominó de nácar, un tablero de ajedrez, fichas de damas, tazas de café,
una canilla de chopera, una guillotina para cortar toscanos, vitrinas y
espejos, una heladera de 1936 importada en perfecto estado... Todo usado
en Despensa Casa Carlovich o, mejor aún, en el viejo "Bar
Victoria". Como la mesa en la que charlamos y las copitas en que,
para terminar, se sirvió un licor de 1991, cherry. Exquisito.
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