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Nº 24 - 01/03/01
JUAN CARLOS
CAPELLO. POR AMOR A LA PINTURA Y A LA DANZA
Juan Carlos Capello dedicó toda su
vida a estos dos amores. Y con ellos recorrió el mundo.
(Fotos de esta nota:
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)
Tratar de resumir la trayectoria de Juan
Carlos Capello es una tarea sumamente difícil. Son tan interesantes y
abundantes sus vivencias, viajes y conocimientos, que nada parece ser
desechable a la hora de organizar, en palabras escritas, todo lo que nos
cuenta.
Cientos de fotografías, recortes de diarios y revistas especializadas,
afiches de lejanos teatros, catálogos y pinturas de su manufactura,
atestiguan su calidad como artista plástico y bailarín clásico.
A pesar de su vastedad, la obra de Capello permanece ignorada para una
buena parte de los habitantes de Santa Isabel, lugar que conoce desde niño
y donde ha establecido una de sus residencias.
¿Por qué está conectado a Santa Isabel?
=Mi mamá era de apellido Costas, nació aquí. Y aquí conoció a mi
papá, un inmigrante italiano, de Turín. Se casaron en Santa Isabel y
fueron a vivir a Buenos Aires, pero mis hermanas nacieron aquí. Yo nací
en Buenos Aires en 1948. Mamá adoraba este pueblo, por eso todos los
veranos veníamos dos o tres meses a visitar a la familia. A la tarde, a
la hora de la siesta ibamos al campo, y esas eran nuestras vacaciones.
En ese tiempo Santa Isabel era distinto, las calles eran de tierra y la
gente más buena, me parece.
¿Como comenzó su relación con el arte?
= Comencé a pintar a los 3 años y a los 10 gané mi primer premio. A
los 13 continué los estudios con María Luisa Boucau de Cires, con la
que adquirí definitivamente la técnica impresionista, que ha sido un
sello en todas mis obras. Entonces comencé a ganar premios y a pintar más.
Pintaba y no hablaba de otra cosa que no fuera pintura, siempre fui muy
obsesivo por el arte y por el estudio. Durante el colegio secundario hacía
pintura y danza, hasta que un día me decidí a no estudiar veterinaria,
como pensaba, y entré en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.
¿Quienes fueron sus maestros allí?
=Ahí había un gran maestro ruso, Wasil Tupin, que era una estrella del
Teatro Colón. Pertenecía a lo que se llamó la época de oro del Colón.
Fue una época de estrellas, todos los que salían al escenario eran
personalidades de la danza. Yo llegué en los últimos 10 años de esa
época y me formé con esa gente. También me formé con, Aída
Mastrazzi y María Ruanova.
¿Como continuó su carrera de bailarín?
= La primera vez que me largaron al escenario del Colón, en la década
del '60, fue con un rol muy chiquito. Ese día fui tan temprano al
teatro que no había nadie y antes de que se levante el telón, cuando
escuché la música, creí que me moría de miedo. A partir de ahí me
empezaron a dar papeles más importantes hasta que en 1971 bailé un
gran rol cuando vino Rudolf Nureyev y estrené Cascanueces. Esa fue la
primera vez que hicieron un traje especial para mi.
Bailé en el Teatro Colón y también en el Teatro Argentino de La
Plata. A finales del '71 una bailarina que había estudiado conmigo me
tentó con ir a Bélgica. A la semana ya estaba bailando para una compañía
de la ciudad de Charleroi. Era la compañía más importante de ballet
clásico de Bélgica en esa época. Con elle hice giras por las
principales ciudades de ese país y también en Holanda y Alemania.
Ahí comenzó la parte fuerte de mi carrera, unos 10 años, cuando se
dio la gran actuación junto a la belleza y la técnica. Después uno va
dando menos, pero bailé alrededor de 25 años en todo el mundo.
En Bélgica estuve un año nada más.
¿Y luego donde continuó su carrera?
= En 1972 fui a Francia, donde hice una carrera hermosa. En la Ópera de
Niza bailé siempre como primer solista. Allí, después de un espectáculo
subió a felicitarme, ya mayor, Serge Lifar, gran bailarín francés de
origen ruso, que estuvo entre los 3 más grandes del mundo de la época.
De Mónaco, vino a ver mi espectáculo Grace Kelly. En Niza también
bailábamos en Arenes de Cimiez, un anfiteatro de la época romana. Ahí
bailé como primer solista de la Ópera de Niza con las estrellas del
Ballet Ruso e hice muchas veladas de gala.
Después me fuí al norte de Francia, bailé en el Teatro de Las Artes
de Ruán (Rouen) donde también estuve mucho tiempo. La mejor parte de
mi carrera transcurrió entre Ruán y Niza. Hicimos muchas giras y así
pude conocer muy bien Francia y aprender el idioma.
Guarda buenos recuerdos de Francia...
= El teatro que más quise fue la Ópera de Niza. Cuando me fuí lloré.
Nunca salí a un escenario con tanto amor. Bailé en muchos escenarios,
pero lo mejor sucedió allí, porque en ese momento mi físico estaba en
el esplendor de los 22, 23 años y tenía la técnica y la expresión a
pleno. Además es una ciudad muy linda, con buen clima. Frente a la Ópera
está el mar y cuando terminábamos de bailar cruzábamos la calle y nos
tirábamos al Mediterráneo. Mi departamento tenía dos salidas, una
escalera salía al mar y otra a la calle, frente a la Ópera . Yo creo
que fue la parte más linda de mi vida. Pero en Ruán hice roles de
primer bailarín muy, muy importantes.
¿Y luego de Francia?
= Volví a la Argentina, al Teatro Colón, y ahí bailé mucho tiempo,
hasta el final de mi carrera.
En el Teatro Colón fuí primer intérprete, no primer bailarín. Creo
que vine al mundo para ser primer intérprete. El primer bailarín se
acaba fácilmente porque cuando no salta o no gira más, cuando se pone
viejo, se acaba. Siempre conocí mis límites, pero mi fuerte fue la
interpretación, ahí no le tenía miedo a nadie, ni donde fuese. Y
también me caracterizaron los saltos, en los que me destacaba.
El primer intérprete puede interpretar y bailar siempre, en cambio el
primer bailarín es técnica nada más, es virtuosismo. En nosotros todo
es una actuación que está alrededor del primer bailarín. Los primeros
intérprete somos muy importantes porque no solo debemos interpretar
sino además tener la misma técnica que el primer bailarín. Hacemos
los mismos pasos, giros y saltos.
¿Cómo fue su retiro de la danza?
= Me retiré con el Lago de los Cisnes . En la última parte hice una
diagonal y cayó el telón. En los cincuenta metros de esa diagonal llené
el escenario del Colón de lágrimas. Mis compañeros y compañeras me
regalaron una medalla de oro. Porque he tenido una buena relación con
la gente del Colón. Cada tanto vuelvo, para alimentar el ego, porque
todos me besan y me abrazan.
Háganos una síntesis de su carrera como bailarín.
= Bailé en diez países de Europa y Latinoamérica, hice ochenta y ocho
estrenos internacionales, que es muchísimo, y actué en 36 ciudades
importantes del mundo. Las orquestas con las que actué las dirigieron
muchos argentinos, algunos ingleses pero la mayoría franceses. Los más
conocidos y los más importantes.
La realicé en 25 años. Si bien a los 28 años de edad comienza el
declive físico, yo
¿Mientras tanto siempre continuó con la pintura?
= Siempre. Paralelamente a la danza, continuaba pintando y perfeccionán-dome,
como lo hice en la Escuela de Bellas Artes de Niza. No solo pinté y
expuse en Europa sino que también lo seguí haciendo en Argentina o en
Brasil.
¿Como explicaría sintéticamente en que consiste el baile clásico?
=Se interpreta un determinado argumento por medio de la danza. Puede
durar apenas unos minutos y con una sola persona, o puede durar 3 o 4
horas y con mucha gente bailando. También hay ballet sin argumento,
solo técnica. Casi siempre está la orquesta, aunque en las giras del
Colón o en las de Europa las hacíamos con grabaciones, y no cambia en
nada. Pero la gran mayoría se hace con orquesta.
¿Cual fue su última actuación internacional?
= En Italia actué poco antes de terminar mi carrera. Me invitaron como
primer bailarín en 1991, esa fue la última vez que bailé como
primero. Pero ya estaba grande, igual me aplaudieron mucho, me tiraron
flores... Eso fue en Senigallia, frente al Adriático.
¿Y ahora continua bailando?
= He dejado absolutamente todo. Me invitan cada tanto a algún lugar.
Por ejemplo en los últimos 10 años he trabajado en Italia dictando
cursos. De aquí en más creo que voy a pintar cuadros, que es lo que me
gusta, y a dictar cursos de danza y pintura.
¿Que es lo peor que le ocurrió sobre un escenario?
Nunca tuve percances en escena. Solo recuerdo una vez, en el Colón, que
perdí por un momento la memoria, no me sentía bien. Pero salí tan
bien de la escena que nadie se dio cuenta, ecepto la directora.
¿Y lo mejor?
= Fueron muchos los buenos momentos. Pero recuerdo una obra en la que
interpreté un personaje, el Dios de la Noche, todo de negro, con una
capa muy larga y fina que la llevaba el viento. Salía sin música y
bailaba hasta que me iba de la escena. En uno de los momentos debía
quedarme en equilibrio sobre el pie derecho. El director me dijo
"quedate hasta que te acalambres", y así lo hice. Y todo el
mundo dijo que nunca habían visto un ballet sin música y un bailarín
con tanto equilibrio. Mi mamá me fue a ver ese día y le encantó.
Al salir a escena ¿Siguíó sintiendo el mismo miedo de la
primera vez?
= Si, se siente el mismo miedo. El miedo siempre está, todo el mundo
siente miedo, como si te fueran a matar, es el miedo a fallar. Nunca se
me ocurrió pensar que podía fallar como primer intérprete, tenía
miedo a fallar en otras cosas que no eran mi fuerte.
¿Qué clase de preparativos se realizan antes de salir?
=Se hace una clase de una hora. No se puede salir frío porque podés
tener un desgarro. Cuando se termina la clase te maquillás, te vestís,
etc. Si tenés que maquillarte mucho a veces empezás hasta dos horas
antes del espectáculo. Hay mucho trabajo, por eso hay mucha gente
trabajando: maquilladores, sastres, especialistas en pelucas, etc.
¿Cómo es el público en este tipo de espectáculos?
=En las funciones de gala, que son de etiqueta, la gente aplaude poco.
En la que aplauden mucho es en las funciones comunes y la gente de
arriba, que es la gente común, es la que más sabe. En las funciones de
gran abono también va gente que no entiende mucho, paga 500 dólares la
platea, aplaude muy poco, y hasta hacen algunos negocios. Pero en las
funciones ordinarias, con público de ballet, la gente aplaude, tiran
flores y hasta papelitos desde arriba. Arriba es muy barato, no se ve
tan bien pero se escucha mejor que abajo. La cultura y la riqueza no
siempre van juntas, hay de todo, ricos cultos y no cultos, y con los
pobres ocurre lo mismo también.
Lo ideal es el tercer palco, para ver bien y escuchar. El Colón tiene
una acústica muy buena, es famoso por eso y por la belleza arquitectónica
y artística. En su escenario bailaron los más grandes del mundo.
¿Es un ambiente muy competitivo?
=A mi nunca me interesó ser el mejor desde ningún punto de vista,
porque el mejor no existe en nada, uno se destaca en alguna cosa y en
otras no. Ahora el pensamiento del argentino es que si no sos el mejor
no valés. Se puede valer y hacer una trayectoria como lo hicieron
muchos en el Colón. Hubo maravillas que no llegaron a ser primeras
figuras.
Si no se trabaja el éxito no viene solo, a mi me costó mucho. Cuando
aprendés todo ya te vas, por que la vida es corta, para todos, para el
presidente o para el que limpia el piso. La vida es nada y se te va de
las manos.
¿Por qué decidió vivir en Santa Isabel?
=Decidí quedarme a vivir aquí porque me encanta, porque siempre lo
pensé así:"cuando no baile más me voy a ir a vivir a Santa
Isabel". Aunque viajo, este lugar me gusta mucho. Y algo muy
importante: aquí me llevo bien con todos mis tíos, tías y primos.
¿Sus pinturas están en venta?
=No tengo interés en vender. Sí en guardar cosas para hacer un museo o
algo así en Santa Isabel, dejar algo en el lugar de origen. Mi ciudad
fue Buenos Aires, porque allí nací, estudié y trabajé, todo se lo
debo a Buenos Aires, pero me gusta estar mucho en Mar del Plata y vivir
en Santa Isabel.
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