N° 34 - 27/02/02
ALGUIEN LO TIENE QUE HACER
Charla
con Adrián País, jefe de Bomberos de Santa Isabel y propietario de la única
empresa de sepelios. Recuerdos e historias de una persona acostumbrada a
tratar con el drama de la muerte.
Habitante
de Santa Isabel desde su nacimiento y católico al punto de pensar
seriamente en ser sacerdote, Adrián País se ha convertido, con el
correr de los años, en la persona infaltable en los momentos de
angustia. Su presencia suele remitirnos al desasosiego pero también a
la voluntad de servicio, a “trabajos” al que pocos se le animan
pero que alguien tiene que hacer. Sus ocupaciones se lo imponen: es
Jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santa Isabel y también
propietario de la única empresa de sepelios de la localidad. Dos
actividades que tratan con el drama de la muerte y que lo han hecho un
hombre público.
¿Dónde adquiriste tu formación religiosa?
= Cuando terminé 7° grado, a los 12 o 13 años entré al Colegio de
Los Hermanos (Sagrado Corazón) en Venado Tuerto. A esa edad eso te
forma la cabeza. Se tenía la idea de que en las escuelas no había
buena disciplina y como yo era rebelde, mi mamá pensó que el colegio
de los curas me iba a cambiar. Lo acepté y gracias a Dios quedé muy
satisfecho, no solo con lo que aprendí estudiando, sino por el
ambiente en general, por los amigos que hice en un curso de chicos que
eran de distintos lugares del país, eran vivencias distintas.
Y decidiste hacerte cura...
=Fue en 2° año. El colegio es totalmente libre, un secundario
privado con guía religiosa. Pero yo convivía mucho con los curas,
estaba en la selección de fútbol del colegio… un ambiente que me
fue llevando. Mi papá no quería eso para mi y ahí dejé la idea,
también influyó el ambiente del fútbol, ya jugaba en Juventud, me
entré a mezclar con los más grandes, empecé a jugar en primera....
Nunca estudié para cura, solo tuve la idea.
Pero tuviste educación religiosa muy fuerte.
=Y si, todos la tuvimos. El año pasado cumplimos 25 años de la
promoción y nos encontramos un gran porcentaje de compañeros y todos
coincidimos, después de 25 años de distintas labores, en que el
rector que tuvimos, Daniel Mujica, nos formó la cabeza, nos marcó.
Él decía: “busquen siempre la verdad y la verdad los hará
libre.”
El colegio nos preparó en instrucción y nos inculcó una vida
ordenada. La palabra orden era prioritaria y a partir de ese orden la
disciplina de vida. Yo estuve en el internado del colegio y ahí había
horarios estrictos, había normas y reglas. Y cuando a los 12 años te
marcan con normas y reglas que son estrictas ya te van marcando para
la vida.
¿Esa formación tiene relación con tus labores de bombero
o en la funeraria?
= Lo de la funeraria fue una circunstancia de la vida. Mi mamá
trabajaba en la esquina de Alejandro Cucco, que tenía la funeraria.
En ese tiempo yo trabajaba en el Banco Provincia y como tenía tiempo
y él estaba enfermo me preguntó si quería ocuparme de la
documentación. Acepté y a partir de ahí empezó el contacto con
Cucco.
Eso fue en el '79 y en el '80 él falleció. La cochería había
quedado algo desestabilizada, con muchas deudas y problemas. Angelita,
la esposa de Cucco, estaba cansada por tantos años de trabajo, un
poco enferma, las cosas no le habían ido bien y además se había
instalado en Santa Isabel otra empresa que estaba haciendo muchos
servicios. Acá se hacen unos 45 entierros por año y no pueden vivir
dos empresas, por eso ella ya tenía intenciones de venderles la
cochería. Pero por conversaciones entre mi mamá y Angelita, ésta me
propone participar en este trabajo, y bueno, le dije que si. Quería
tener algo extra pero nunca hubiera imaginado esto. Por otra parte yo
trabajaba en la oficina de “Freto” Angeleri, donde estaba Don
Alfredo Caldera a quien le comenté la idea. Él me inculcó que me
dedicara a esto: "Metete en ese trabajo que tenés un futuro” Y
así fue, comencé con esto. ¿y con qué persona fallecida tuve que
hacer mi primer servicio de sepelio?... con Don Alfredo Caldera, fue
el 12 de abril de 1981. No quería ir. Mi mamá me dijo "Te
tomaste un compromiso, tenés que hacerlo"
Tal vez, sin saberlo, tenías una predisposición para eso.
=Puede ser. Porque al principio fue como una vocación. Y a partir de
ahí lo tomé con una gran responsabilidad. Durante muchos años
trabajamos para tratar de levantar a la cochería, sin ver ganancias
de ningún tipo, porque había quedado realmente mal.
Tu primer servicio no fue nada agradable.
= No, para nada. Yo nunca tomé a este trabajo como algo agradable. Es
una gran responsabilidad, soy el responsable de que las cosas salgan
bien, porque cuando alguien me viene a buscar para un servicio yo lo
tomo como que todo está bajo mi responsabilidad. Es muy sagrado el
cuerpo de un fallecido, hay que tener mucho respeto, mucho cuidado con
su tratamiento, sea joven, de mediana edad o anciano. Los que hacemos
este trabajo tratamos de que no nos sea un esfuerzo el trato con un
cuerpo sagrado que está bajo nuestra responsabilidad hasta que se le
da sepultura.
Pero esto es un negocio y en otros lugares tal vez haya otro
trato.
=Conozco empresas de todo tipo. Si los empleados de las empresas
grandes están instruidos por propietarios de empresas de familia,
suelen tener este tipo de preparación. Si son sociedades, con
directorios y demás, puede que haya un grado de frialdad mucho más
grande. Es un negocio y, lógicamente, mi familia y yo vivimos de
esto. El asunto es como se toma el negocio, ¿no?
Y al que no siempre se lo ve con simpatía.
=Seguro. Por el momento que le toca vivir.
¿Eras conciente de esto?
=No, en absoluto. Y sabés porqué, porque en un momento de dolor,
hablar de economía en la década del '80 era una cosa y hablar de
como hay que pagar un entierro en la actualidad es otra, porque aparte
del momento de dolor por el familiar desaparecido a veces nos
encontramos conque no hay con que pagar el entierro. En mi caso, el
que viene a contratar el servicio se encuentra con alguien que le está
buscando la forma de como puede llegar a cubrir ese entierro y a veces
a tratar de instruirlo para que no produzca gastos que después no
puede costear, aunque se pueda interpretar mal.
Todos, yo también, tuvimos que acomodar la cabeza a las
circunstancias. A los que comenzábamos en este trabajo nos formaban
con la idea de que había entierros de primera y entierros de segunda.
¿Cuáles eran las diferencias?
=Para los de primera había un fúnebre, para los de segunda otro,
todo eso que hacía a la ceremonia y que se denominaba pompa fúnebre.
Un entierro de primera era con cuatro caballos para el fúnebre, uno
de segunda con dos. Y si había más de seis coronas se le ponía el
coche portacoronas, entonces ya era de primera. El entierro con cofre
también era un entierro de primera. Carlitos Lorenzatti, que fue el
hombre que pasó por todas las cocherías de Santa Isabel, me traspasó
estas informaciones. La primera fue de Zorzi. Estuvo también con
Cucco y conmigo. Si bien no estaba en contacto con las personas
fallecidas, porque no le gustaba, conocía todos los entretelones.
Llegó junto a los caballos que cuidaba cuando su patrón los vendió
a Zorzi para la cochería. Manejaba el portacoronas, lo llamaban el
verdulero. Los caballos se usaron en los fúnebres, calculo, hasta el
año 1968, cuando Cucco compró los Kaiser Carabela, unos autos negros
y largos.
¿Cambiaron las costumbres en los velorios?
= Si, totalmente. Ha cambiado la cultura, para bien diría yo.
Son un poco más prácticos.
= Si, por ejemplo desapareció el tema del luto. Ningún extremo es
bueno, antes estaban un año de luto, pero tampoco lo de ahora es
bueno. Podemos ser muy prácticos pero a veces no tenemos gente para
las manijas del cajón, en la mayoría de los servicios no hay gente.
Creo que se ha perdido la conciencia comunitaria por ese
individualismo que vivimos ahora. Estamos muy enfrascados en nuestros
problemas, agobiados y hasta adormecidos por las situaciones que se
viven. Por eso se perdieron signos que tenían su valor, como el
velatorio de 24 horas que se hacía en la casa de familia y con el
que, en un gran porcentaje, todo el pueblo tenía compromisos. Todo
debe tener sus causas, tal vez los medios de comunicación nos han
quitado la posibilidad de reaccionar ante situaciones de esta
naturaleza, como es la de participar del dolor. Así como se participa
de las alegrías de los demás, también se debe participar del dolor.
Como vivimos en un pueblo vos conoces a todos los que mueren
y sus familiares. ¿Cómo actúa esto en tu persona?
=Soy un agradecido a la comunidad de Santa Isabel porque me ha
contemplado todo tipo de errores que, como ser humano frágil y
pecador, he cometido. Las personas que podemos estar cumpliendo roles
como este, sin hacer una comparación burda, como un profesional médico,
o sea, los que entramos en las familias en momentos difíciles, a
veces tenemos que llevar una conducta, no digo intachable pero sí al
menos respetable. Y la comunidad de Santa Isabel me ha apoyado
totalmente. Yo siento que a veces he cometido errores y sin embargo la
gente volvió y he sentido ese respeto y esa contemplación de faltas.
He interpretado que a veces hay que tener en cuenta situaciones y lo
que le pido a la gente es sinceridad. Falta alguien y se dice no
tengo, no puedo; la Comuna ha participado de muchos servicios y
poniendo un poco la Comuna y un poco nosotros, se hace.
Pero la realidad es que tenés que trabajar con cuerpos de
personas que has conocido y hasta compartido momentos de su vida.
=Seguro. Después de esas situaciones tengo días en que a lo mejor
estoy irritable, tengo problemas de digestión, se me altera el
sistema nervioso hasta que me vuelvo a estabilizar. Que me afecta, me
afecta.
Ahora que van pasando los años, ya hace 22 que estoy en esto, si bien
estoy acostumbrado a muchas cosas, me siento cada vez más afectado
con el fallecimiento de los niños. Tal vez porque tengo chicos y voy
avanzando en edad, o porque medito más sobre la situación. Realmente
me cuesta más acomodar ese cuerpo, especialmente si ha sido por una
muerte violenta o un accidente. Pero tengo la familia que me acompaña
y lo que no hago yo lo hace otro.
En los velatorios se pueden dar situaciones graciosas o de
tensión. ¿Cuál es tu reacción?
=Desde que me llaman se me graba que tengo una responsabilidad que
sacar adelante, bajo las connotaciones que tenga, entre ellas
situaciones graciosas, dramáticas o violentas. Hay muchas
situaciones, con problemas de familias o cuando hay muertes violentas,
en las que quedan resabios, dolor hacia otras partes que no se
resuelven en forma inmediata y donde hay que tener la sensibilidad
como para lograr calmar a las personas y poder seguir con el ritual.
¿Cuántas personas has enterrado?
=Desde que estoy con la cochería llevo 1.123 personas sepultadas. Tal
vez más, porque al principio trabajé como empleado.
De tanto lidiar con los muertos y la muerte y teniendo en
cuenta tu arraigada creencia religiosa, ¿has percibido en algún
momento, alguna señal concreta, algo que te haya dado la certeza de
tu creencia, de que la vida después de la muerte existe?
=Es una pregunta muy puntual y muy importante. Lógicamente que por mi
fe de católico creo que hay vida después de la muerte; o sea en la
resurrección, aunque es un misterio porque nadie volvió para
contarnos que es lo que pasa, es cuestión de fe.
Una cosa es el trato con la persona muerta y otra con la agonía. Yo
he estado ante la agonía de varias personas, hasta en la de aquellos
que estaba rescatando y he tenido casos que me han movido y estoy
convencido de que después de esta vida hay otra. Extremadamente
convencido.
¿Qué es lo que te convenció?
=La paz. La paz y hasta la alegría de quien está muriendo. La paz de
muchos que, aún sabiendo que van a morir, la reciben de una manera
difícil de describir y que se expresa en el rostro o en las últimas
palabras; hasta en la fortaleza que le pueden transmitir a los que están
a su alrededor en días u horas antes de fallecer.
Esto es lo que a mi me hace tener la seguridad, aparte de la fe, de la
existencia de otra vida. Lo tangible es eso, la fortaleza de las
personas que con fe y esperanza van en busca de ese paso tremendo y
dramático que es la muerte. Las agonías dicen mucho más que el
hecho consumado.
En una ocasión había fallecido ahogada una criatura de 5 años. Como
en toda muerte violenta interviene la justicia y por eso vino un médico
forense. Como yo lo conocía -un hombre grande, un forense de muchos años
de trabajo- cuando quedamos a solas le dije “Doctor, ¿no le parece
un sacrilegio hacerle una autopsia a un cuerpito de 5 años, que todos
sabemos que ha fallecido accidentalmente?. Y me contestó: “Quedate
tranquilo que yo por el rostro me doy cuenta si falleció ahogada ella
solita o si la violentaron.” Y bueno, después que la miró me dijo:
“¿No ves el rostro de paz que tiene esta criatura? ¿No vez que
hasta una sonrisa se le esboza? Quedate tranquilo que la criatura ya
está con Dios y no hace falta hacerle ninguna autopsia.”
¿Empezaste con Bomberos a partir de esta actividad?
=Si, exactamente. Era el tiempo en que estaba la ruta angosta, había
accidentes de tránsito y no había bomberos, solo en Venado Tuerto y
en Villa Cañás. Muchos heridos eran rescatados y trasladados por
terceros, entonces yo empecé a acudir con la ambulancia de la cochería
y, por los meses de abril y mayo del '82, se sucedieron varios
accidentes de gravedad. Como pasaban los bomberos de Villa Cañás por
dentro del pueblo la gente lo comentaba mucho, un día yo estaba en el
taller de Marcelino Martínez y salió la conversación sobre el tema.
Simón Montaner me dijo, “Que vergüenza que en Santa Isabel no
tengamos un grupo que pueda acudir en este tipo de situaciones”. Y
me apuntó a Nito Lombardi, que estaba muy interesado en crear una
cosa como esta y también me nombró a Guillermo Benso. Yo hablé con
Guillermo y juntos fuimos a ver a Nito, ese fue el inicio de los
Bomberos y de una amistad muy profunda con Nito.
¿Como bombero, qué es lo que más te marcó?
=Hay muchas cosas. Las personas jóvenes, los niños, son los que más
me estremecen. Lo que más tiempo me duró de poder purgar, de poder
estabilizarme a una vida normal, fue un accidente en que murió un
joven de la localidad y que para los bomberos tuvo connotaciones,
porque cuando llegamos los cuerpos estaban atrapados en los vehículos
incendiados. Siempre cuento lo que fue para esa dotación de 8 hombres
que llegó sin agua, porque la autobomba salió primero, pero llegó
después que nosotros que teníamos dos matafuegos. No solo no podíamos
bajar el volumen del fuego sino que no podíamos hacer el trabajo para
sacar a las personas de adentro. Yo era el único que sabía de
antemano que estaban involucrados chicos de Santa Isabel. Todos
quedamos muy mal y a partir de ahí empezamos a estudiar sicología en
la emergencia. Eso fue lo que más nos costó superar, fue muy fuerte.
En el cuartel de bomberos hay un cartel, de tono
autoritario, que dice…
=“Cuando comienza el deber termina la amistad.” Lo copiamos de un
cartel de Villa Cañás que ellos después borraron, tal vez porque
interpretaron que no expresaba bien lo que se quería decir. Nosotros
lo dejamos pero en la actualidad no es guía.
Creo que nadie que esté al frente de cualquier empresa o institución
escapa al orden y la disciplina para llevarla adelante. Más aún en
un servicio gratuito como el de bomberos en que se trabaja en
situaciones donde la vida de las personas puede estar en riesgo. Ahí
no nos cabe improvisación, ni desorden, ni desconcentración. Hace
varios meses que no asistimos a un accidente de gravedad. Ese el
enemigo que tenemos, explicado por psicólogos, la relajación. Pero
lo que no nos va a provocar esa relajación es pertenecer a una
institución donde hay orden y ese orden funciona todos los días,
donde sabemos las funciones y las normas a cumplir. Convencidos además,
de que un grupo de buenas voluntades no son suficientes para sacar
adelante situaciones como esas. La columna vertebral es el orden y la
disciplina, que no necesita del rostro rígido ni de utilizar ciertas
terminologías.
Pero que en algún momento lo han tenido.
=Si. Pero no te olvides que en nuestros inicios nos fuimos a instruir
a otros cuarteles y venimos de una formación de años de militarización,
en esa época estaban los mili-tares. Todo eso ya se ha relajado
bastante.
Ahora ya no se tratan de Usted...
=Entre los más jóvenes seguro que no, entre los más grandes a lo
mejor puede ser…
Pero el 80% de los bomberos del país son de menos de 25 años,
entonces todas esas cosas ni las aceptan ni las asimilan. Sí
entienden que tienen que trabajar bajo normas y reglas.
Como hombre público, ¿tenés conciencia de que tu vida está
más expuesta que la de otros?
=La he comenzado a tener desde hace un tiempo, no se bien desde
cuando. Yo no me daba cuenta de que podía se una persona pública,
que puedo estar siendo observado.
De lo que también soy conciente es de que soy un hombre frágil que
necesita, tal vez más que otras, meditar para poder ser mejor.
Sin embargo das una imagen distinta.
=Muchas veces mi esposa Tamara, que me observaba desde antes, me lo ha
dicho “¿Por que no cambiás el rostro?, hasta tenés palidez en los
entierros?” Es que bajo ningún punto de vista trato de imitar nada,
no soy insensible. Asumo con tal responsabilidad el trabajo que no me
permito errores.
¿Sufrís una transformación?
=Puede ser. Pero desde hace unos dos años ya está más metida mi
esposa y mi hijo en el trabajo y la gente ya está viendo otras caras.
¿Esta actividad te permitió progresar?
=Por supuesto que si. Me doy cuenta de que tengo cierta capacidad para
esto y trato, como todos, de superarme.
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