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Nº 45 - 15/10/03
FUTBOLERO,
MELÓMANO, FOTÓGRAFO
En
esta oportunidad rescatamos del recuerdo a Ángel Baldessari, uno de los
tantos personajes que han habitado nuestro pueblo y que es recordado por
varias de sus aficiones.
La mayoría de su vida
transcurrió en la zona rural hasta que en 1966 se mudó al pueblo. Trabajó
mucho tiempo con una máquina sembradora tirada por caballos lo que no le
impedía escuchar la radio y dedicarse, desde muy joven, a sus
colecciones. Llegó a poseer la mayoría de los números de la revista El
Gráfico aparecidos entre 1931 y 1935 y la totalidad desde ese año a la
fecha de su muerte ocurrida a mediado de los ‘70 cuando tenía 60 años.
También fue importante su
colección de discos de pasta de 78 R.P.M. y de L.Ps. La mayoría eran de
grandes orquestas y cantantes de tango pero también los había de intérpretes
de la llamada “nueva ola”, música para la juventud que comenzó a
aparecer a mediados de los cincuenta. Ángel Baldessari tuvo un fonógrafo,
más adelante un tocadiscos que funcionaba con 16 pilas grandes y por último
un equipo amplificador a batería que, a su turno, los fue usando en
fiestas de amigos o donde se lo pidieran a las que también llevaba los
discos para animar. Fue uno de los primeros Discs Jockey isabelenses.
No se sabe cual fue el destino final de los discos ni el de las revistas.
Algunos dicen que cuando se mudó al pueblo trajo parte de estas
colecciones pero la mayoría quedó en la pieza que habitaba en el campo y
luego de un tiempo fueron quemadas porque molestaban.
También se dedicaba a la
fotografía desplegando su trabajo con familiares, en las fiestas a las
que concurría o en los festejos del Club Belgrano del cual era hincha.
Para iluminar el momento de las fotos usaba el viejo sistema de magnesio
que provocaba un gran fogonazo. Justamente esto le valió el mote de
“Fogonazo”.
Era además una especie de ayudante
de campo, aguatero, o botiquín del equipo de fútbol del Club Belgrano.
El otro club de sus amores era Independiente de Avellaneda, del cual
tenía muchísimos conocimientos adquiridos en esas revistas y en tantas
horas de radio. Se cuenta que una vez fue a una fiesta del Club en Buenos
Aires a la que habían concurrido los dirigentes más importantes de la
institución. Allí fue el deleite y admiración de todos al describir
detalles desconocidos de equipos, goles, campañas y jugadores.
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